En el hermetismo calculado de Pyongyang, Kim Jong-un ha vuelto a remodelar su cúpula militar, destituyendo al ministro de Defensa No Kwang Chol —quien ya había caído una vez antes— y elevando nuevos rostros en la jerarquía castrense. El movimiento, formalizado en una reunión de la Comisión Militar Central, no es solo una cuestión de personas: ocurre en el cruce tenso entre las ambiciones diplomáticas de Trump y las advertencias norcoreanas sobre armamento estadounidense en la península. Como tantas veces en la historia de regímenes cerrados, los cambios en el alto mando son también mensajes ha