En el septuagésimo octavo aniversario de la fundación de Corea del Norte, Kim Jong-un eligió el escenario ceremonial de Pyongyang para rendir tributo explícito a los soldados desplegados en operaciones militares fuera del territorio nacional, un gesto que revela tanto la extensión del alcance militar del régimen como su necesidad de legitimar ese esfuerzo ante la nación. El patriotismo, invocado como fuerza motriz del desarrollo, sirvió de hilo conductor entre el reconocimiento al pasado y la exigencia de un compromiso aún mayor hacia el futuro.