Kent Nagano: «Rosalía va más allá del pop, sería un sueño colaborar con ella»

Para mí sería un sueño colaborar con ella
Nagano sobre Rosalía, a quien descubrió a través de su hija y considera que trasciende el pop.
Mark

¿Cómo se explica que alguien que creció en un ambiente tan restrictivo, donde sus padres no querían que fuera músico, termine siendo uno de los directores de orquesta más respetados del mundo?

Mimi

Creo que la resistencia lo obligó a comprometerse de una manera que otros nunca necesitaron. Cuando le retiraron el apoyo económico, no tuvo opción: tenía que ser excelente o fracasar. Eso crea una clase diferente de músico.

Luke

Pero eso es una narrativa de éxito retrospectivo. ¿Cuántos otros jóvenes músicos en Boston en los años setenta tocaban piano en bares y nunca llegaron a dirigir una orquesta nacional? No sabemos cuánta suerte tuvo Nagano, cuántas puertas se abrieron porque estaba en el lugar correcto en el momento correcto.

Mark

Mencionó que su madre tiene 99 años y aún juega al golf. ¿Llegó ella a entender realmente su decisión, o solo la toleró?

Mimi

Él dice que hace un par de años tuvieron una conversación donde ella reconoció que todos sus cuatro hijos eligieron caminos diversos y exitosos. Creo que para ella fue suficiente. No necesitaba que fuera lo que ella hubiera elegido.

Luke

Pero eso es lo que él recuerda. No tenemos la versión de ella. Y hay una diferencia entre "entender" y "aceptar". Ella puede haber aceptado su carrera sin nunca entender realmente por qué fue tan importante para él.

Mark

¿Qué significa cuando dice que Rosalía "va más allá del pop"? ¿Es eso un cumplido o una forma de legitimarla dentro de su propio marco de valores?

Mimi

Creo que es genuino. Él ha pasado la vida buscando calidad sin importar el género. Si dice que Rosalía trasciende, es porque cree que tiene algo que durará, que no es solo una moda.

Luke

Pero eso es una intuición, no un análisis. Él admite que la conoce a través de su hija, que ha escuchado sus discos. No ha trabajado con ella, no la ha dirigido. Es admiración desde la distancia. Y la pregunta real es: ¿por qué un director de su estatura siente la necesidad de validar la música popular? ¿Es porque realmente cree en ella, o porque quiere parecer relevante?

Mark

Habla mucho de Mahler como compositor incomprendido en su época. ¿Ve a Rosalía de la misma manera?

Mimi

Creo que sí. Ambos son artistas que sus contemporáneos subestiman. Mahler fue rechazado, Rosalía es criticada por ser demasiado comercial. Nagano ve el patrón.

Luke

Pero Mahler murió hace más de un siglo y ahora es canónico. Rosalía tiene 30 años. No sabemos si durará. Nagano está haciendo una apuesta sobre el futuro basada en lo que pasó con Mahler, pero eso no garantiza nada.

  • Nagano llega a Madrid cargando una biografía de fronteras cruzadas: hijo de agricultores japoneses en California, pianista de bar en Boston, director de fama mundial que nunca cerró la puerta a ningún género.
  • La Orquesta Nacional arrastra tensiones históricas —un director anterior llegó a decir que no estaba preparada para Mahler—, y Nagano debe transformar ese peso en energía creativa desde su primer concierto.
  • Su debut incluye un réquiem encargado al joven compositor español Mikel Urquiza, una apuesta deliberada por demostrar que la orquesta puede ser puente entre la tradición y la nueva generación.
  • La admiración de Nagano por Rosalía —a quien conoció a través de su hija y de quien dice que 'va más allá del pop'— revela su filosofía central: la calidad trasciende las categorías, y un director que ignora la música de su época pierde el pulso del mundo.
  • Madrid, vista por Nagano como capital latina del planeta, se convierte en el escenario donde una orquesta puede irradiar lo que significa vivir en comunidad global, si logra estar a la altura de ese propósito.

A los 74 años, Kent Nagano asume la dirección de la Orquesta Nacional de España con la convicción de que las grandes instituciones musicales no son museos sino organismos vivos. Su debut madrileño con la Segunda sinfonía de Mahler —obra de esperanza colectiva— lleva consigo décadas de aprendizaje forjado entre la resistencia familiar, los bares de Boston y la colaboración con artistas tan distintos como Frank Zappa y Rosalía. En él se encarna una pregunta que la música siempre ha hecho: ¿dónde termina el arte culto y dónde empieza la vida?

Kent Nagano tiene 74 años y acaba de asumir la dirección de la Orquesta Nacional de España. Este mes debutará con la Segunda sinfonía de Mahler, una obra que conoce en profundidad tras una década en la Filarmónica de Hamburgo, donde el propio Mahler trabajó. Pero llegar hasta aquí exigió vencer algo más difícil que cualquier partitura: la resistencia de su familia.

Nació en Berkeley, hijo de padres japoneses establecidos como agricultores en California. Su madre lo obligó a practicar piano dos horas diarias desde los cuatro años, pero cuando quiso dedicarse profesionalmente a la música, sus padres se negaron y le retiraron el apoyo económico. Nagano lo recuerda como algo que, a la larga, fue positivo: lo obligó a comprometerse del todo. Llegó a Boston a principios de los setenta, sobrevivió tocando en bares y trabajando con compañías de danza, y aprendió algo que ninguna sala de conciertos podría enseñarle: cómo conectar con públicos diversos y cómo la música vive mucho más allá de las instituciones.

Esa apertura definió su carrera. Ha colaborado con Frank Zappa, Sting y Paul McCartney, y ha dirigido a Björk en Schönberg. Para él, la distinción entre música clásica y popular es irrelevante; lo que importa es la calidad. Su hija lo mantiene al día con la música de su generación, y fue ella quien le presentó a Rosalía. Nagano quedó impresionado. 'Creo que va más allá del pop', dice. 'Sería un sueño colaborar con ella'.

Para su debut en Madrid, ha elegido la Segunda sinfonía de Mahler —una obra sobre la esperanza colectiva— y ha encargado un réquiem al joven compositor español Mikel Urquiza, conectando así la tradición con la nueva generación de creadores. Nagano rechaza la idea de que una orquesta sea un museo. Los directores van y vienen, dice, pero las orquestas permanecen. Ve en Madrid la capital latina del mundo, un lugar cuya diversidad exige respeto, y si la Orquesta Nacional puede ser embajadora de eso, habrá cumplido su propósito.

Kent Nagano tiene 74 años y acaba de asumir la dirección de la Orquesta Nacional de España. Este mes debutará con la Segunda sinfonía de Mahler, una obra que conoce en profundidad tras una década estudiando al compositor en Hamburgo. Pero antes de llegar aquí, tuvo que vencer algo más difícil que cualquier partitura: la resistencia de su propia familia.

Nació en Berkeley, California, hijo de padres de origen japonés que se habían establecido como agricultores en el oeste estadounidense. Su madre era pianista y lo obligó a practicar dos horas diarias desde los cuatro años, como parte de un programa educativo riguroso. Pero cuando le dijo que quería dedicarse profesionalmente a la música, sus padres se negaron. Veían el arte como parte de la educación, no como una carrera viable. Así que durante un tiempo estudió Derecho, pensando en la diplomacia, mientras cursaba 17 horas diarias de estudio. Finalmente tuvo que elegir. Cuando se decidió por la música, sus padres le retiraron el apoyo económico. Fue, dice ahora, hasta positivo, porque lo obligó a comprometerse completamente.

Llegó a Boston a principios de los años setenta, cuando la ciudad bullía de actividad musical. Sarah Caldwell, intendente de la ópera de Boston, lo incorporó a su equipo de dirección. Nagano sobrevivió tocando piano en bares, trabajando con compañías de danza, ganando lo justo para comer. Esos años le enseñaron algo que ninguna sala de conciertos podría: cómo conectar con públicos diversos, cómo entender el ritmo y el movimiento, cómo la música vive en contextos que van mucho más allá de las instituciones. Cuando sus padres finalmente vieron algunas de sus actuaciones en Boston, no dijeron que estuvieran orgullosos. Solo dijeron: "Vale". Era su manera de respetar su decisión.

De ahí en adelante, la carrera de Nagano se desplegó con una característica distintiva: nunca cerró puertas entre géneros. Ha colaborado con Frank Zappa, Sting, Paul McCartney. Ha dirigido a Björk en Pierrot Lunaire de Schönberg y trabajó con Sting en La historia de un soldado de Stravinski. Para él, la distinción entre música clásica y popular es irrelevante. Lo que importa es la calidad, y si algo tiene calidad, trasciende las categorías. Su hija, que tiene 99 años su madre, lo mantiene actualizado. Ella ama a Rosalía y a Nadal, y le pone al día sobre la música que escucha su generación. Cuando Nagano escuchó a Rosalía a través de ella, quedó impresionado. "Creo que va más allá del pop", dice. "Para mí sería un sueño poder colaborar con ella".

Esta apertura lo llevó a Mahler, un compositor que sus contemporáneos no entendían. Nagano recuerda haber escuchado la Octava sinfonía de Mahler con su madre y la Orquesta Sinfónica de San Francisco cuando era niño. Su madre le ordenó que no hiciera ruido, que simplemente escuchara. Ella era escéptica con Mahler en los años sesenta, cuando aún levantaba dudas. Pero directores como Bruno Walter y Leonard Bernstein vieron lo que otros no: que Mahler era moderno, revolucionario, que sus texturas cromáticas y sus ideas sobre la orquestación iban décadas por delante de su tiempo. Cuando Nagano pasó diez años en la Filarmónica de Hamburgo, donde Mahler también había trabajado, profundizó en esa modernidad. Estudió cómo el compositor había revisado sus propias sinfonías, cómo había reorquestado a Schubert y Beethoven, cómo había anticipado lo que vendría después.

Para su debut en Madrid, Nagano ha elegido la Segunda sinfonía de Mahler, conocida como la Resurrección, aunque ese título no fue del propio compositor. Nagano la ve como una obra sobre la esperanza comunitaria, sobre una dimensión espiritual optimista. Y ha hecho algo que refleja su filosofía: ha encargado un réquiem a Mikel Urquiza, un compositor español joven. Quiere que la primera parte use el coro, y que las voces también cierren la obra. Es su manera de conectar a Mahler con la nueva generación de creadores españoles, de demostrar que una orquesta no es un museo sino una institución viva.

Nagano llegó a Madrid consciente de que la Orquesta Nacional ha vivido tensiones. Hubo un momento en que un director anterior le dijo a Josep Pons que la orquesta no estaba preparada para interpretar a Mahler. Nagano rechaza esa lógica. Los directores van y vienen, dice, pero las orquestas permanecen. Su trabajo es servir a esa institución y a su público, aportando nuevas perspectivas a obras que se han escuchado cientos de veces. Ve en Madrid la capital latina del mundo, un lugar donde la diversidad y la inmigración son realidades que exigen respeto y admiración. Si la orquesta puede ser embajadora de eso, si puede irradiar al mundo lo que significa vivir en una comunidad global, entonces habrá cumplido su propósito. Eso es lo que lo motiva a aprender español, a entender la herencia cultural de un país que, desde California, siempre supo que existía.

Los directores debemos tener presente que vamos y venimos, pero son las orquestas las que permanecen
— Kent Nagano
Creo que va más allá del pop. Para mí sería un sueño poder colaborar con ella
— Kent Nagano, sobre Rosalía
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