Kast promete deportar 300.000 migrantes en 100 días, pero expertos cuestionan la viabilidad práctica y advierten sobre aumento de xenofobia social. La ultraderecha 'neopatriota' de Kast mezcla nacionalismo, seguridad y una agenda antiderechos (aborto, feminismo, derechos LGBTQ+) enmascarada tras retórica de moderación.
Kast llega a La Moneda: tres grandes incógnitas sobre el gobierno ultraderechista en Chile
Su sistema económico necesita migrantes, pero su política se alimenta de discursos excluyentes
¿Por qué los expertos hablan de una "agenda oculta" si Kast ganó siendo transparente sobre sus posiciones?
Porque durante la campaña moderó deliberadamente su discurso. No habló de aborto, feminismo o derechos LGBTQ+ como lo hacía en intentos anteriores. Eso no significa que haya cambiado de opinión, solo que eligió no exponerlo.
Entonces, ¿cuándo espera la gente que salga a la luz esa agenda?
Probablemente cuando sienta que tiene suficiente estabilidad política. Los investigadores sugieren que intentará una transición suave, enfocándose primero en seguridad para evitar movilizaciones sociales. Luego vendrían los cambios más profundos.
¿Realmente puede deportar a 300.000 personas en cien días?
Los expertos lo dudan mucho. Incluso su propio plan de que los migrantes paguen sus pasajes suena absurdamente optimista. Lo que sí pasará es un aumento de xenofobia social, independientemente de cuántas deportaciones se concreten.
¿Hay una contradicción en su posición sobre migrantes?
Profunda. Su sistema económico necesita migrantes para funcionar, pero su política se alimenta de discursos excluyentes contra ellos. Es una tensión que no puede resolverse fácilmente.
¿Qué pasa con Milei? ¿Son aliados o rivales?
Ambas cosas. Hay conexiones claras entre sus círculos, pero también competencia potencial por quién lidera la ultraderecha regional. Argentina tiene más influencia ahora, especialmente con Trump de su lado.
¿Entonces Chile queda en segundo plano?
Por ahora sí. Argentina atrae más inversión y atención internacional. Pero Chile tiene algo valioso: litio y otros recursos naturales que podrían hacerlo relevante en esa competencia.
Il Polso
- Kast venció a Jara por 20 puntos en segunda vuelta electoral
- Promete deportar 300.000 migrantes sin papeles en 100 días
- Ultraderecha 'neopatriota' mezcla nacionalismo, seguridad y agenda antiderechos oculta
- Potencial competencia con Javier Milei por liderazgo ultraderechista regional
Kast promete deportar 300.000 migrantes en 100 días, pero expertos cuestionan la viabilidad práctica y advierten sobre aumento de xenofobia social. La ultraderecha 'neopatriota' de Kast mezcla nacionalismo, seguridad y una agenda antiderechos (aborto, feminismo, derechos LGBTQ+) enmascarada tras retórica de moderación.
José Antonio Kast gana las elecciones chilenas con apoyo de derecha y ultraderecha, pero su gobierno plantea interrogantes sobre cómo implementará deportaciones masivas, su agenda antiderechos oculta y su relación con Javier Milei.
José Antonio Kast llegó a La Moneda el domingo con una victoria contundente: venció a la candidata de izquierda Jeannette Jara por veinte puntos, confirmando lo que las encuestas llevaban meses prediciendo. La suma de los votos de derecha y ultraderecha le daba margen suficiente, y así sucedió. Lo que sorprende ahora no es el resultado electoral, sino todo aquello que permanece sin respuesta sobre los próximos cuatro años.
El nuevo presidente chileno llegó al poder montado sobre una ola de preocupación por la seguridad ciudadana. Ese fue el tema que lo catapultó en su tercer intento presidencial. Pero debajo de esa promesa de mano dura contra la delincuencia hay una agenda mucho más amplia y, en buena medida, oculta. Los investigadores José Antonio Sanahuja y Camilo López Burian acuñaron en 2020 el término "ultraderecha neopatriota" para describir exactamente lo que Kast representa: una mezcla de conservadurismo ideológico reaccionario, soberanismo ultranacionalista y rechazo a la globalización. Es una ultraderecha que arremete contra Naciones Unidas, el Foro Económico Mundial, la Agenda 2030 y las reglas de la Organización Mundial del Comercio, todo en nombre de la libertad y la soberanía nacional.
La primera gran incógnita es cómo Kast llevará a la práctica su promesa de deportar a más de 300.000 migrantes sin papeles en poco más de cien días. Durante la campaña, incluso escenificó una cuenta regresiva. Su plan incluye que sean los propios migrantes quienes paguen sus pasajes en aviones de cien plazas, y confía en que muchos se marchen voluntariamente antes del plazo. Incluso en círculos de derecha, esto ha sonado absurdamente optimista. Micaela Cuesta, coordinadora del Laboratorio de Estudios sobre Democracia y Autoritarismos de la Universidad Nacional de San Martín, señala una paradoja fundamental: el sistema económico que defiende la ultraderecha necesita de un número muy significativo de migrantes para funcionar, pero su política se alimenta de discursos excluyentes. Lo que sí ocurrirá, advierte Cuesta, es un aumento de la xenofobia a nivel social, independientemente de cuántas deportaciones se concreten. El problema migratorio chileno está vinculado principalmente a Venezuela, y en el discurso de Kast esa migración se asocia automáticamente con narcotráfico y delincuencia, aunque esto no sea absolutamente comprobable.
La segunda pregunta es cuándo y cómo Kast desplegará su verdadera agenda antiderechos. Durante la campaña, moderó su mensaje para evitar ciertos temas, pero eso no significa que haya abandonado su oposición al aborto, las políticas feministas o los derechos de las personas homosexuales. Soledad Vallejos, autora del libro Los dueños de la libertad, explica que el mensaje de Kast se fue suavizando porque evitó entrar en ciertos temas y porque otros candidatos desplegaron un discurso más radicalizado. Pero esa agenda sigue ahí, enmascarada. Lisa Zanotti, investigadora del Democracy Institute, sugiere que Kast probablemente intente una transición suave para evitar movilizaciones sociales, centrándose primero en la supuesta crisis de seguridad. Es en ese terreno donde podrán verse más erosiones democráticas en el corto plazo. La composición del gabinete será crucial: Kast representa una ultraderecha más conservadora y tradicional que la de Javier Milei o Johannes Kaiser, quien ya maniobra para entrar en el futuro gobierno.
La tercera incógnita es la relación que Kast mantendrá con Javier Milei, el líder ultraderechista argentino. Kaiser es un nexo potente entre ambos: su hermano Axel trabaja con la Fundación Libertad y Progreso, vinculada a La Libertad Avanza de Milei. Está claro que la ultraderecha argentina y chilena tejerán lazos, pero también podría haber competencia. Vallejos advierte que con ambos en el gobierno se generará una situación inédita: más allá de las alianzas, puede haber una disputa por quién se erige como el gran representante de la ultraderecha en la región. Franco Delle Donne, especialista en extremas derechas, tiene dudas sobre que Kast pueda competir en ese espacio. Chile no es un país tan influyente como Argentina, y los cambios económicos que Kast llevaría adelante no serían tan radicales como los de Milei. En seguridad, ese podio ya lo ocupa Nayib Bukele de El Salvador. Además, Argentina es ahora el foco de atracción para el gran poder de la ultraderecha en el continente: Estados Unidos. Donald Trump presume de haber conseguido el triunfo de Milei y espera su recompensa en forma de privatizaciones y acceso a recursos naturales. Chile, sin embargo, podría presentarse como una alternativa, especialmente en litio y otros minerales.
Citazioni salienti
Es paradójico, porque el sistema económico que defienden necesita de un número muy significativo de migrantes para poder funcionar, pero a la vez su política se alimenta de los discursos excluyentes— Micaela Cuesta, Laboratorio de Estudios sobre Democracia y Autoritarismos de la UNSAM
Es probable que intente una transición suave para evitar el peligro de una eventual movilización social, y se centre en la supuesta crisis de seguridad que vive el país. Ahí es donde podrán verse más erosiones democráticas en el corto plazo— Lisa Zanotti, Democracy Institute