En la Plaza de la Constitución, el presidente Kast convirtió una entrega de vehículos policiales en un llamado de urgencia a su propia coalición: sin voluntad política, ningún recurso material tiene sentido. Su reforma constitucional de seguridad —diseñada para enfrentar el crimen organizado y el terrorismo— enfrenta una fractura interna que revela cuán difícil es gobernar cuando los aliados más cercanos cuestionan no solo los métodos, sino la dirección misma del proyecto. El Senado, donde el gobierno aún no tiene los votos necesarios, se convierte en el espejo de una coalición que busca su pr