En Santiago, el presidente chileno José Antonio Kast clausuró el V Foro Madrid —cumbre internacional de la ultraderecha— con un discurso que mezcló ambición geopolítica y autocrítica pragmática. Ante líderes radicales de varios continentes, trazó un horizonte expansionista que apunta a Nicaragua y Cuba, mientras reconocía que el verdadero peligro para su movimiento no viene de la izquierda, sino de la comodidad y la acomodación en el poder. Es la vieja tensión entre el fuego ideológico y las exigencias del gobierno real, resuelta esta vez con una advertencia hacia adentro: quien llega al poder