En un momento en que la crisis habitacional presiona a miles de familias catalanas con desahucios y alquileres inalcanzables, Junts decidió votar en contra de los decretos de vivienda del Gobierno, asumiendo conscientemente el coste político de esa postura. El partido independentista, heredero de la tradición liberal de Convergència, eligió abrazar un perfil conservador y empresarial, apostando por la lógica del mercado frente a la intervención estatal. En ese gesto late una pregunta más antigua que la coyuntura: ¿a quién representa realmente un partido cuando debe elegir entre el propietario
Junts se atrinca en su perfil conservador para blindarse de críticas por vetar el decreto
No tenemos miedo de quemarnos para defender a las familias catalanas
¿Por qué Junts votó en contra de los decretos si la crisis de vivienda es tan grave?
Porque creen que la intervención estatal reduce la oferta. Argumentan que controlar precios o imponer obligaciones a los propietarios desalienta la inversión inmobiliaria.
Pero eso es una teoría económica, no un hecho comprobado. ¿Tienen datos de que esto funcione así?
El partido lo asume como cierto. Y además, sus votantes potenciales—pequeños propietarios que viven del alquiler—se benefician de un mercado sin regulación.
¿Entonces Junts está priorizando a los propietarios sobre los inquilinos?
Así lo ven sus críticos. Junts lo llama defender los intereses de las familias catalanas, pero no especifica cuáles.
Espera, ¿cuántos pequeños propietarios hay en Cataluña? ¿Cuántos inquilinos? El artículo no lo dice.
No lo dice. Solo sabemos que Junts cree que esos propietarios son votantes potenciales y que quienes protestan en la calle nunca votarían por ellos de todas formas.
¿Y Puigdemont? ¿Qué tiene que ver en esto?
Junts espera que su regreso revitalice al partido. Mientras tanto, necesita diferenciarse del bloque de izquierdas en Cataluña.
Así que este voto también es estrategia electoral, no solo economía.
Claramente. Es posicionamiento político disfrazado de principios económicos.
Der Puls
- La crisis de vivienda en Cataluña hierve en las calles: acampadas, desahucios y precios del metro cuadrado fuera del alcance de familias trabajadoras crean una presión social que exige respuestas urgentes.
- Junts vota en contra de los decretos del Gobierno y desata una tormenta de críticas; su sede en Lleida amanece con una pintada que los llama 'asesinos', mientras el partido recibe felicitaciones de la patronal empresarial.
- El partido se parapeta en la teoría liberal: argumenta que la intervención estatal contrae la oferta y dispara los precios, alineándose con Foment del Treball y distanciándose del bloque de izquierdas catalán.
- Junts envía al Gobierno un contrapropuesta de 59 páginas centrada en bonificaciones fiscales para propietarios y en proteger a arrendadores de obligaciones, revelando a quién considera su electorado natural.
- El partido aguarda el regreso de Puigdemont como impulso renovador, mientras calcula que quienes protestan en la calle nunca votarán JxCat, y que los pequeños propietarios con pisos en alquiler sí podrían hacerlo.
En un momento en que la crisis habitacional presiona a miles de familias catalanas con desahucios y alquileres inalcanzables, Junts decidió votar en contra de los decretos de vivienda del Gobierno, asumiendo conscientemente el coste político de esa postura. El partido independentista, heredero de la tradición liberal de Convergència, eligió abrazar un perfil conservador y empresarial, apostando por la lógica del mercado frente a la intervención estatal. En ese gesto late una pregunta más antigua que la coyuntura: ¿a quién representa realmente un partido cuando debe elegir entre el propietario y el inquilino?
Miriam Nogueras viajó el miércoles a Barcelona para asistir a la gala anual de Pimec, la patronal de la pequeña y mediana empresa, en el Palau Sant Jordi. Pocas horas antes, Pedro Sánchez se había declarado 'razonablemente optimista' sobre la aprobación de dos decretos de vivienda en el Congreso. Cuando le preguntaron si Junts los apoyaría, Nogueras sembró la duda ante un auditorio de 1.300 empresarios que no mostró ninguna incomodidad ante la posibilidad de que el partido los tumbara. El voto en contra llegó, y con él una avalancha de críticas por insensibilidad social.
Para blindarse, Junts decidió reforzar su perfil conservador y liberal. Nogueras defendió desde el Congreso que más intervención estatal reduce la oferta inmobiliaria y provoca un efecto rebote en los precios. El presidente de Foment del Treball felicitó públicamente al partido junto a Vox y el PP por defender 'la competitividad y la productividad', y calificó de 'filocomunista' el pacto presupuestario entre el PSC y los Comuns en Cataluña.
El cálculo interno de Junts era frío: quienes acampaban en la calle o convocaban manifestaciones contra el partido nunca depositarían una papeleta de JxCat. En cambio, las familias propietarias de más de un inmueble que obtenían rentas del alquiler sí eran votantes potenciales. 'No deja de ser una burbuja', dijo un cargo parlamentario del partido para desestimar la presión de los últimos días.
Junts envió al Gobierno un documento de 59 páginas como base para un nuevo decreto. La propuesta incluía deducciones en el IRPF por adquisición de vivienda, prórrogas voluntarias de contratos de arrendamiento sin obligar al arrendador, y cambios procesales para que los casos de ocupación dejaran de ser juzgados por tribunal popular. Mientras el partido esperaba el regreso de Puigdemont para revitalizarse y buscaba diferenciarse del bloque de izquierdas, la crisis de vivienda seguía golpeando a las familias catalanas con desahucios y alquileres cada vez más inaccesibles.
Miriam Nogueras cruzó España en un viaje relámpago el miércoles pasado. La diputada de Junts fue invitada a la gala anual que Pimec, la patronal de pequeña y mediana empresa de Cataluña, celebra en el Palau Sant Jordi. La cena ocurría pocas horas después de que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, declarara sentirse "razonablemente optimista" sobre la posibilidad de validar en el Congreso, ese viernes, dos decretos de vivienda diseñados por su Consejo de Ministros. En un contexto de creciente tensión social—con acampadas en la calle, precios del metro cuadrado disparados y desahucios copando los titulares—Nogueras sembró dudas cuando le preguntaron si Junts votaría a favor del nuevo marco normativo. "No tenemos ningún miedo de quemarnos para continuar defendiendo los intereses de las familias catalanas", respondió sin precisar cuáles eran esos intereses ni de qué familias hablaba. El auditorio de 1.300 empresarios no mostró desaprobación ante la posibilidad de que Junts tumbara dos decretos pensados para frenar los excesos del mercado inmobiliario. El voto en contra se materializó, y la negativa sumergió a la formación independentista bajo una lluvia de críticas por falta de sensibilidad social. Una fuente próxima a Nogueras dentro del partido rechazó la presión: "¿A quién le puede pasar por la cabeza que la presión nos podría llevar a cambiar de opinión?"
La sede de Junts en Lleida amaneció el viernes con una pintada: "Asesinos, decretos ya!". Para blindarse de la ofensiva, Junts hizo cálculos y decidió que le convenía reforzar su perfil conservador, aferrándose a las ideas económicas más liberales. "No aceptamos chantajes de los extremos", manifestó Nogueras desde el atril del Congreso. Su argumento contra los planes del Gobierno pivotaba sobre una premisa: más intervención estatal en el mercado termina reduciendo la oferta inmobiliaria y genera un efecto rebote en los precios. El presidente de Foment del Treball, Josep Sánchez Llibre—quien fue diputado de CiU—llegó a felicitar públicamente a Junts, junto con Vox y el PP, por mantenerse firmes "en la defensa de la competitividad y la productividad". Lo hizo explícitamente después del rechazo de estos tres partidos a la reducción de la jornada laboral, y lo aplaudió cuando Junts criticó el pacto en materia de presupuestos y vivienda alcanzado por el Govern del PSC con los Comuns, al que Sánchez Llibre calificó como "filocomunista".
Junts contaba las horas para que el próximo martes el Tribunal Constitucional validara el despliegue completo de la ley de amnistía, abriendo la puerta al regreso de Carles Puigdemont. Mientras esperaba ese efecto revitalizador, el partido buscaba marcar un perfil propio para rivalizar en Cataluña con el bloque de izquierdas formado por PSC, ERC y Comuns, y para mantener a su base electoral alejada de los embates de Aliança Catalana. La formación heredera de Convergència asumía que quienes participaban en las acampadas por la vivienda, quienes promovían manifestaciones contra Junts por rechazar los decretos, e incluso quienes hacían llamadas públicas para ajustar cuentas con los diputados del partido, nunca elegirían una papeleta de JxCat. "No deja de ser una burbuja", indicó un cargo parlamentario de Junts para desestimar la presión de los últimos días. En cambio, el cálculo era que sí podían ser votantes potenciales las familias propietarias de más de un inmueble que obtenían rentabilidad mensual del alquiler.
Junts repetía la frase "los pequeños propietarios" sin especificar cuántas llaves había que tener para dejar de ser pequeño. "No se han atrevido con los fondos, y sí se han atrevido con las familias que soportan un coste de la vida cada vez más alto", dijo Nogueras desde el Congreso. El partido envió al Gobierno un documento de 59 páginas proponiendo que fuera la base para un nuevo decreto. El texto desgranaba medidas de bonificación fiscal: deducción en el IRPF por adquisición de vivienda habitual y por cantidades depositadas en cuentas de ahorro vivienda; prórroga voluntaria de contratos de arrendamiento que finalizaran antes del 30 de junio de 2028, "sin imponer obligación alguna al arrendador"; y una referencia a supuestos de ocupación de vivienda para que los casos de allanamiento de morada dejaran de ser enjuiciados por tribunal popular y dependieran de jueces ordinarios. Mientras Junts se posicionaba así, la crisis de vivienda seguía golpeando a las familias catalanas con desahucios y alquileres cada vez más inaccesibles.
Bemerkenswerte Zitate
No aceptamos chantajes de los extremos— Miriam Nogueras, diputada de Junts, desde el Congreso
No deja de ser una burbuja— Un cargo parlamentario de Junts, sobre las protestas contra el partido