Jueza de Lima Este implementa software de transcripción en tiempo real para garantizar acceso a justicia

Dos personas con discapacidad auditiva (sordera) lograron participar efectivamente en una audiencia judicial de violencia familiar gracias a la implementación de tecnología de transcripción.
La tecnología puede eliminar barreras que de otro modo permanecerían invisibles
Reflexión sobre cómo el software de transcripción permitió que dos personas sordas participaran plenamente en una audiencia de violencia familiar.
Mark

¿Por qué esta jueza decidió gastar su propio dinero en software cuando podría haber simplemente reprogramado el caso indefinidamente?

Mimi

Porque vio a dos personas que tenían derecho a participar en su propio proceso y se dio cuenta de que el sistema no estaba preparado para permitirlo. Decidió que eso no era aceptable.

Luke

¿Pero sabemos si esta es una solución sostenible? ¿Cuántos jueces más en Lima Este tienen acceso a este software? ¿O es solo esta jueza la que está haciendo esto con su propio dinero?

Mimi

Esa es la pregunta incómoda. Por ahora, es una iniciativa individual. Pero eso es precisamente lo que la hace notable: demuestra que es posible.

Mark

¿Qué pasó después de la audiencia? ¿El caso continuó? ¿Las personas con discapacidad auditiva pudieron seguir participando?

Mimi

El reportaje no especifica qué sucedió después de esa audiencia en particular. Lo que documenta es que la diligencia se desarrolló con normalidad y que ambas partes pudieron ejercer sus derechos.

Luke

Entonces no sabemos si esto fue un evento único o si la jueza ha replicado esta práctica en otros casos. Eso importa para entender si es realmente una "buena práctica" que puede expandirse o solo un gesto aislado.

Mimi

Justo. Lo que sí sabemos es que funcionó en este caso específico. Y que una magistrada estuvo dispuesta a invertir sus propios recursos para que funcionara.

  • Dos personas sordas enfrentaban una audiencia judicial sin intérprete disponible ni tecnología adaptada, con el riesgo real de quedar excluidas de su propio caso de violencia familiar.
  • La jueza Rosas rechazó la salida fácil de aplazar indefinidamente el proceso y asumió personalmente el costo de una solución tecnológica.
  • Con una licencia de software especializado y monitores instalados en sala, cada intervención oral fue convertida en texto visible en tiempo real para ambas partes.
  • La audiencia se desarrolló con plena participación de las personas con discapacidad auditiva, sin intermediarios ni retrasos, ejerciendo sus derechos de forma directa.
  • El caso pone en evidencia que la accesibilidad en procesos judiciales —especialmente en casos urgentes como violencia familiar— no es un lujo, sino una condición mínima de justicia.

En un juzgado de familia en Ate, Lima, una magistrada se negó a dejar que la sordera se convirtiera en un obstáculo para la justicia. La jueza Gloria Virginia Rosas, al descubrir que ambas partes en un caso de violencia familiar presentaban discapacidad auditiva, financió con sus propios recursos un software de transcripción en tiempo real y equipó su sala con monitores para que cada palabra dicha quedara visible al instante. Lo que ocurrió no fue un gesto extraordinario, sino la justicia cumpliendo su promesa más básica: que nadie quede fuera de su propio proceso.

Cuando el expediente de violencia familiar llegó al Noveno Juzgado de Familia Permanente en Ate, la jueza Gloria Virginia Rosas se encontró ante un problema que el sistema judicial suele ignorar: tanto el denunciante como el denunciado presentaban discapacidad auditiva. Ninguno manejaba lenguaje de señas, aunque podían hablar y leer. Sin intérprete disponible y sin herramientas tecnológicas, la audiencia corría el riesgo de convertirse en un trámite vacío donde las partes no comprenderían realmente lo que estaba ocurriendo.

La jueza reprogramó la diligencia, pero no para abandonarla. Con sus propios recursos adquirió una licencia de software de transcripción en tiempo real —una herramienta que convierte el habla en texto escrito al instante— e instaló monitores en la sala para que ambas personas pudieran leer cada intervención mientras sucedía. No había demoras, no había mediación de terceros: las partes seguían el proceso en directo, comprendían lo que se decía y podían formular sus propias manifestaciones.

La audiencia se desarrolló con normalidad. Las dos personas con discapacidad auditiva participaron activamente y ejercieron sus derechos sin depender de intermediarios. Lo que en muchos juzgados seguiría siendo una barrera invisible se convirtió, gracias a una decisión individual y un gasto personal, en un proceso justo y oportuno. La iniciativa de la jueza Rosas demuestra que la tecnología no es un privilegio para casos excepcionales: es la diferencia entre una justicia que se proclama universal y una que realmente lo es.

Gloria Virginia Rosas, jueza del Noveno Juzgado de Familia Permanente en Ate, se enfrentó a un problema que muchos sistemas judiciales ignoran: cómo garantizar que una persona sorda pueda participar plenamente en su propia audiencia. El caso llegó a su despacho como un proceso por violencia familiar. Cuando citó a las partes de manera virtual, descubrió que tanto el denunciante como el denunciado presentaban discapacidad auditiva. Ninguno de ellos conocía lenguaje de señas, aunque podían hablar y leer. La barrera era clara: sin intérprete disponible, sin tecnología, la audiencia no podría desarrollarse de forma que ambas personas comprendieran realmente lo que estaba sucediendo.

La jueza tuvo la opción de aplazar el caso indefinidamente, de esperar a que se consiguiera un intérprete, de dejar que la discapacidad funcionara como una barrera más en un sistema ya lento. En cambio, decidió otra cosa. Reprogramó la audiencia, pero no para abandonarla. Decidió buscar una solución que permitiera que el proceso avanzara sin sacrificar los derechos de las partes. Con sus propios recursos, adquirió una licencia de software especializado en transcripción en tiempo real, la herramienta que convierte las palabras habladas en texto escrito al instante.

La tecnología es simple en concepto pero transformadora en práctica. Durante la audiencia, cada intervención de la magistrada y de las partes fue capturada y transcrita inmediatamente. El texto aparecía en monitores instalados específicamente en la sala de audiencias, donde ambas personas con discapacidad auditiva podían leerlo mientras sucedía. No había retraso. No había interpretación mediada por un tercero. Podían seguir el desarrollo de la diligencia en tiempo real, comprender exactamente qué se estaba diciendo, formular sus propias manifestaciones y ejercer sus derechos dentro del proceso sin depender de intermediarios.

Lo que sucedió después fue lo que debería ser ordinario pero que en muchos juzgados sigue siendo extraordinario: la audiencia se desarrolló con normalidad. Las personas participaron activamente. Sus derechos fueron ejercidos plenamente. El proceso avanzó. No fue un acto de caridad ni una excepción especial; fue justicia funcionando como debería funcionar para todos.

Esta iniciativa revela algo que los sistemas judiciales a menudo olvidan: la tecnología no es un lujo para casos excepcionales. Es una herramienta que puede eliminar barreras que de otro modo permanecerían invisibles para quienes no las enfrentan. En un contexto de violencia familiar, donde la respuesta judicial debe ser oportuna y efectiva, la accesibilidad no es un añadido. Es parte de lo que significa hacer justicia de verdad. La decisión de la jueza Rosas Lima, financiada de su propio bolsillo y implementada en su juzgado, demuestra que cuando alguien en el sistema está dispuesto a actuar, las barreras que parecen insuperables pueden desaparecer.

La jueza decidió adquirir, con sus propios recursos, la licencia de un software especializado para personas con discapacidad auditiva y ponerlo a disposición del juzgado
— Descripción de la acción de Gloria Virginia Rosas
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