Desde las profundidades matemáticas de Princeton, el físico argentino Juan Maldacena tiende un puente entre lo que la ciencia puede afirmar y lo que la imaginación humana anhela: viajar en el tiempo. Su respuesta es a la vez generosa y severa: el futuro es alcanzable a velocidades próximas a la luz, pero ese viaje es un camino sin retorno, un recordatorio de que el universo impone sus propias asimetrías. En un momento en que la inteligencia artificial comienza a rozar los bordes de la física teórica, Maldacena invita a pensar qué significa comprender el cosmos cuando las herramientas mismas de