A los sesenta y tres años, el escritor algecireño Juan José Téllez regresa a la poesía tras una década de silencio con 'Los amores sucios', un poemario que contempla el amor no como promesa sino como cicatriz vivida. Téllez defiende que la poesía no sirve para nada —y que precisamente en esa inutilidad reside su mayor dignidad—, convirtiéndola en un acto de resistencia silenciosa frente a un mundo que solo valora lo que cotiza. En tiempos de crisis acumuladas, este regreso al verso es también una declaración sobre lo que permanece cuando todo lo demás se desmorona.
Juan José Téllez: «La poesía no sirve para nada y eso es lo mejor que tiene»
La poesía no sirve para nada y eso es lo mejor que tiene
¿Por qué esperar diez años para volver a la poesía? ¿Fue una decisión consciente o simplemente pasó?
No fue inactividad. Téllez escribe constantemente y destruye constantemente. Lo que necesitaba era distancia emocional, perspectiva de sí mismo. Considera que escribir sobre emociones que estás viviendo en el presente es pornográfico. Necesita escribir a toro pasado.
Pero eso es una posición muy particular. Hay poetas que escriben desde la inmediatez y funcionan. ¿Es eso una verdad universal o es solo cómo Téllez necesita trabajar?
Interesante. Entonces cuando dice que la poesía no sirve para nada, ¿lo dice como crítica o como defensa?
Como defensa. Dice que eso es lo mejor que tiene. Que no cotiza en bolsa, que no hay pólizas de seguros para ella. Es un suburbio, una hermosa forajida. Y precisamente porque no sirve para nada es un acto de rebeldía contra el capitalismo.
Pero eso es una afirmación romántica. La poesía sí sirve para algo: para algunos lectores, para algunos momentos. Decir que no sirve para nada es una posición estética, no una verdad.
¿Cómo se relaciona eso con el título del libro, 'Los amores sucios'? ¿Es una provocación?
No es provocación. El amor ensucia desde el punto de vista orgánico y emocional. El amor limpio solo ocurre una vez, cuando es acto de fe desde la inocencia. Luego vienen los dolores, las cicatrices. Los amores sucios nacen de lo cotidiano, no de lugares idílicos.
Pero eso también es una generalización. Hay amores que permanecen limpios, o que se renuevan. ¿Téllez habla desde su experiencia personal o pretende hablar por todos?
¿Y qué hay de la esperanza? ¿Hay alguna en este libro?
Téllez es pesimista sobre el futuro del planeta. Crisis sanitaria, migratoria, climática, de valores. Cree en la utopía y en el ser humano, pero no espera un final de película de Hollywood. El final va a ser difícil.
Eso es una posición política, no poética. ¿Eso aparece en los poemas o es solo lo que dice en la entrevista?
Buena pregunta. ¿Cómo se traduce esa visión pesimista en los versos?
Téllez dice que sus versos se alejan de la idealización y tienden a la melancolía de lo cotidiano. Hay un ajuste de cuentas con el pasado. Pero también hay juego, porque para él la poesía es juego, como la vida.
El Pulso
- Después de diez años sin publicar poesía, Téllez regresa con un libro que exige distancia emocional: escribir sobre el amor en tiempo presente le parece una forma de pornografía sentimental.
- El título 'Los amores sucios' no busca escandalizar, sino nombrar con honestidad lo que el amor deja tras de sí: cicatrices, melancolía y la cotidianidad como único territorio posible.
- En un mundo sacudido por crisis sanitaria, migratoria y climática, el autor defiende la poesía precisamente porque no sirve para nada, convirtiéndola en el último reducto de rebeldía contra el capitalismo.
- Téllez advierte que la adolescencia no es una etapa sino una condición que se repite a lo largo de la vida, y que la poesía madura nace de haber atravesado esas transformaciones múltiples.
- Sin optimismo fácil pero sin abandonar la utopía, el poeta sigue jugando con las palabras como quien sabe que ese juego es, quizás, lo único que queda cuando todo lo demás falla.
A los sesenta y tres años, el escritor algecireño Juan José Téllez regresa a la poesía tras una década de silencio con 'Los amores sucios', un poemario que contempla el amor no como promesa sino como cicatriz vivida. Téllez defiende que la poesía no sirve para nada —y que precisamente en esa inutilidad reside su mayor dignidad—, convirtiéndola en un acto de resistencia silenciosa frente a un mundo que solo valora lo que cotiza. En tiempos de crisis acumuladas, este regreso al verso es también una declaración sobre lo que permanece cuando todo lo demás se desmorona.
Juan José Téllez tiene sesenta y tres años, una trayectoria extensa como periodista, director de periódico y responsable del Centro Andaluz de las Letras, y acaba de publicar 'Los amores sucios', un poemario editado por Verso&Cuento. La espera fue de diez años, no por inactividad —escribe y destruye con frecuencia—, sino porque necesitaba distancia. Considera pornográfico escribir sobre emociones que se están viviendo en el presente inmediato. Como Machado, necesita que el manantial sea sereno antes de que brote el verso.
El título no es provocación gratuita. El amor ensucia desde lo orgánico y desde lo emocional. El amor limpio, dice, solo ocurre una vez, cuando es un acto de fe desde la inocencia. Lo que viene después son dolores, cicatrices y esa negociación con uno mismo que supone obedecer al corazón. Sus versos huyen de la idealización y se instalan en la melancolía de lo ordinario, en el ajuste de cuentas con el pasado.
Sobre la poesía en tiempos de crisis, Téllez es contundente: no sirve para absolutamente nada, y eso es lo mejor que tiene. No cotiza en bolsa ni tiene mercado robusto. Es un suburbio, una hermosa forajida. Sirve para que cómplices jueguen con las palabras, para que los versos pongan música en la vida, para que encuentres en lo escrito por otro lo que ni tú mismo has sabido decirte. Eso, en un mundo que solo valora lo que produce, la convierte en el mayor acto de rebeldía contra el capitalismo.
Téllez no es optimista sobre el futuro. A la crisis sanitaria se suman la migratoria, la climática y la de valores. Le gusta la utopía y cree en el ser humano, pero no espera un final de Hollywood. Aun así, sigue publicando poesía, jugando con las palabras, buscando música en la vida. Quizá eso sea lo que queda cuando todo lo demás falla.
Juan José Téllez tiene sesenta y tres años y acaba de publicar un libro de poemas. Esto podría parecer un dato menor en la vida de un hombre que ha sido periodista, director de periódico, responsable del Centro Andaluz de las Letras, presidente del jurado del Premio Falla y novelista. Pero el Téllez que asoma ahora entre sus múltiples identidades es el poeta, el que ha esperado una década para volver a la poesía con 'Los amores sucios', un poemario editado por Verso&Cuento que explora el amor desde la perspectiva de quien ha vivido lo suficiente para saber que la vida no es lo que prometía.
Esa espera de diez años no fue inactividad. Téllez escribe con frecuencia y destruye con frecuencia. Lo que necesitaba era distancia, perspectiva de sí mismo. Considera pornográfico escribir sobre emociones que está viviendo en el presente inmediato. Necesita escribir a toro pasado, con suficiente lejanía para ver con claridad. Como dijo Machado, su sangre es jacobina pero su verso brota de manantial sereno. El tiempo no es un obstáculo para la poesía; es su condición.
Cuando se habla de poesía, la imaginación colectiva la asocia con la adolescencia, con cuerpos en transformación y emociones sin filtro. Téllez rechaza esa limitación. La adolescencia, dice, es una emoción que sucede cuando el cuerpo se transforma, pero eso ocurre varias veces a lo largo de una vida. En esos momentos de encrucijada surgen las dudas, los miedos, las audacias, las vacilaciones. Somos adolescentes muchas veces, y eso no es una buena noticia porque se repiten los complejos y las incertidumbres. La poesía de los sesenta y tres años es la poesía de quien ha pasado por esas transformaciones múltiples y sigue reconociéndose en ellas.
Sobre el valor de la poesía en un mundo de crisis sanitaria, migratoria, climática y de valores, Téllez es directo: la poesía no sirve para absolutamente nada, y eso es lo mejor que tiene. Ninguna compañía de seguros vende pólizas para leer buena poesía. No cotiza en bolsa ni tiene un mercado literario robusto. Es un suburbio, una hermosa forajida. Sirve para que cómplices jueguen con las palabras como autores o lectores, para que los versos pongan música en la vida, para que encuentres en lo escrito por otro lo que ni tú mismo has sabido decirte. La poesía es para minorías, y eso la convierte en el mayor acto de rebeldía contra el capitalismo.
El título del libro, 'Los amores sucios', no es provocación gratuita. El amor ensucia desde el punto de vista orgánico y, sobre todo, desde el de las emociones. El amor limpio, dice Téllez, solo se produce una vez, cuando es un acto de fe desde la inocencia. Luego llegan los dolores y las cicatrices. Lo importante es regresar con la mente y el alma manchadas de emociones, tras esa negociación con uno mismo que supone obedecer al corazón. Los amores sucios no nacen de lugares idílicos, sino de los cotidianos. Sus versos se alejan de la idealización y tienden a la melancolía de lo ordinario, al ajuste de cuentas con el pasado.
Téllez se considera un discípulo poco aventajado de Carlos Edmundo de Ory, para quien la poesía es juego porque la vida es juego. Si vivir no es jugar, apaga y vámonos. Un poeta que no juegue no merece llamarse así. Prefiere a Peter Pan que al señor Scrooge. En sus lecturas es promiscuo, sin renunciar a ningún autor que le interese, sea de la corriente que sea. Lee a Galeano, a Benedetti, a Ángel González, a T.S. Eliot, a Celaya. Eso sale en sus versos de manera consciente o sin saber cómo ha sido. Este libro, dice, es el más desnudo que ha escrito, erotismo de alma sin llegar a ser pornográfico.
Sobre el futuro, Téllez no es optimista. La situación extrema a la que se enfrenta el planeta ataca la forma en que hemos vivido en los últimos años. A la crisis sanitaria hay que sumar la migratoria, la climática, la de valores. Le gusta la utopía y cree en el ser humano, pero no espera un final de película de Hollywood. El final, dice, va a ser difícil. Aun así, publica poesía, juega con las palabras, busca música en la vida. Quizá eso sea lo que queda cuando todo lo demás falla.
Citas Notables
La adolescencia es una emoción que sucede cuando el cuerpo se transforma y sucede varias veces a lo largo de la vida— Juan José Téllez
Si vivir no es jugar, apaga y vámonos— Juan José Téllez, citando su influencia de Carlos Edmundo de Ory