Juan Diego Soler reconstruye las historias invisibles del Universo en su nuevo libro

Los científicos también cocinan con agua y tienen familias
Soler explica por qué decidió humanizar la historia de la astronomía, mostrando que los descubrimientos no vienen de genios aislados.
Mark

¿Por qué decidió escribir un libro sobre la historia de la astronomía en lugar de simplemente continuar con su investigación?

Mimi

Escribir es una forma de pensar. Cuando quieres articular una idea, no puedes hacerlo en abstracto. Este libro es la síntesis de lo que hago: estudio regiones donde las estrellas aún no han nacido o donde han muerto. Quería contar esa historia del espacio que está entre las estrellas, no solo a través de la ciencia moderna, sino mostrando cómo llegamos aquí.

Luke

Pero ¿cuánto de lo que cuenta es realmente nuevo para la comunidad científica? Parece que está recontando historias conocidas.

Mimi

No es para la comunidad científica. Es para los colombianos, para el Sur Global. Queremos que sepan que también pueden hablar del universo, que no es solo cosa de hombres blancos de universidades del norte.

Mark

Mencionó que descubrió el filamento Magdalena casi por accidente. ¿Qué tan común es eso en la astronomía?

Mimi

Muy común. Nadie lo había visto porque nadie lo había buscado. Estábamos analizando datos que otros habían excluido porque no esperaban encontrar nada en esa región. Eso es lo hermoso de la ciencia: a veces la respuesta está ahí, esperando que alguien mire en el lugar correcto.

Luke

Pero ¿cuánto tiempo llevó verificar que realmente era lo que pensaba que era? Porque encontrar una anomalía en los datos es una cosa, confirmarla es otra.

Mimi

Tienes razón. La mayor discusión fue determinar qué tan largo era. Pero una vez que estimamos la distancia y la masa, fue claro. Tiene 100.000 veces la masa del Sol.

Mark

¿Cree que el libro ayudará a que más colombianos se interesen en la astronomía?

Mimi

Espero que sí. El Sabio Caldas fue un científico de talla mundial que surgió casi de manera espontánea aquí. Tenemos una tradición científica que no contamos lo suficiente. Si los jóvenes ven que alguien como ellos puede hacer descubrimientos, quizás se animen.

Luke

Pero el Sabio Caldas fue fusilado por medir el territorio. ¿No es ese un mensaje desalentador?

Mimi

Sí, pero también es un mensaje de que la ciencia importa. Importa tanto que los gobiernos la consideran un secreto militar. Eso dice algo sobre el poder del conocimiento.

  • Juan Diego Soler publicó Historia del Universo invisible, un libro de más de 500 páginas sin ecuaciones
  • Descubrió el filamento Magdalena, una estructura de gas de 100.000 masas solares a 5.000 años luz de distancia
  • El libro recupera historias de Williamina Fleming y Cecilia Payne, mujeres computadoras del Observatorio de Harvard
  • Soler trabaja actualmente en observaciones de gas interestelar desde Viena

Soler traduce descubrimientos astronómicos complejos para lectores sin formación científica, enfatizando que los elementos que nos componen se forjaron en estrellas. El libro recupera historias de pioneras como Cecilia Payne y Williamina Fleming, así como científicos de regiones marginadas como el Sabio Caldas colombiano y astrónomos argentinos.

El astrofísico colombiano Juan Diego Soler lanza su nuevo libro que narra 350 años de historia de la astronomía sin ecuaciones, destacando contribuciones olvidadas de mujeres científicas y astrónomos del Sur Global.

Juan Diego Soler es un traductor de mundos invisibles. Astrofísico formado en la Universidad de Toronto, ha pasado años observando el gas que flota entre las estrellas, primero desde la Antártida, luego desde Viena. Ahora acaba de publicar un libro que intenta hacer lo que siempre ha querido: contar historias que nadie ve con los ojos, pero que están ahí, esperando ser contadas.

Historia del Universo invisible, publicado por Debate, tiene más de 500 páginas y no contiene una sola ecuación. Soler escribió el libro pensando en lectores que no son astrónomos, que no hablan el idioma de las señales distantes ni del análisis estadístico. Lo que quería era mostrar cómo los elementos que nos componen—hidrógeno, carbono, oxígeno, nitrógeno, azufre, fósforo—no salieron del Big Bang tal cual, sino que se forjaron lentamente en el interior de las primeras estrellas, sintetizados a partir de hidrógeno en reacciones nucleares que duraron millones de años. Preguntarse de dónde venimos, entonces, es preguntarse qué le ha sucedido a las estrellas.

El libro es un recorrido de 350 años por la historia de la astronomía. Comienza con Aristóteles, pasa por la Biblioteca de Bagdad, por Ptolomeo, por los Incas, por Copérnico y Galileo. Pero Soler no quería escribir una historia de genios aislados en torres de marfil. Quería mostrar que los científicos también cocinan con agua, que tienen casas y familias, que a veces viven casi de préstamo. Por eso incluyó la lista de compras de Galileo Galilei en Florencia: zapatos para su hijo Vincenzo, naranjas, vino Malvasía, cáñamo, brea, tubos de estaño. Los componentes del telescopio. Galileo era un emprendedor que no ganaba suficiente como profesor de matemáticas en Venecia.

Una de las historias que más lo fascinó fue la de las mujeres computadoras del Observatorio de Harvard. A finales del siglo diecinueve, la institución recibió una herencia de Henry Draper para registrar sistemáticamente el firmamento. Para ahorrar dinero, contrataron mujeres—muchas de ellas con discapacidades físicas, sordas o mudas—para clasificar las placas fotográficas. La primera fue Williamina Fleming, que había sido profesora de matemáticas en Escocia pero no podía conseguir trabajo, así que terminó lavando ropa en la casa del director del observatorio. Nadie se dio cuenta de que era una matemática extraordinaria hasta que comenzó a trabajar con las placas. Fue Fleming quien descubrió que el Sol está hecho principalmente de helio e hidrógeno. Pero fue Cecilia Payne quien reveló completamente la composición de las estrellas, un descubrimiento que cambió la astronomía para siempre.

Soler también dedica páginas al Sabio Caldas, el científico colombiano que midió la temperatura de ebullición del agua a diferentes altitudes y descubrió el concepto de pisos térmicos. Caldas era abogado porque lo obligaron a estudiar Derecho, pero mientras hacía tours vendiendo telas entre Popayán y Bogotá, comenzó a medir el territorio colombiano. Eso le costó la vida: fue fusilado porque a través de una revista pidió a los neogranadinos que midieran el país, información que era considerada un secreto militar.

El libro también cuenta cómo la radioastronomía despegó después de la Segunda Guerra Mundial, cuando los militares descubrieron que la misma luz que usaban para detectar enemigos les estaba diciendo algo del universo. Grote Reber, un vendedor de partes de radio, construyó el primer radiotelescopio desde el patio de su casa en los años treinta, pero nadie le prestó atención hasta que la guerra terminó y la tecnología se volvió estratégica. Soler aprendió de esta historia que a veces la sociedad necesita alcanzar cierta madurez para reconocer un descubrimiento.

Soler escribió este libro en las grietas de una vida en movimiento constante. Se despierta a las 4 a.m., cuando no hay ruido, cuando tiene tres horas de completa tranquilidad. Comenzó a escribir durante un viaje a Harvard hace tres años, cuando fue invitado a presentar su trabajo en la meca de la astronomía. Fue ahí donde se dio cuenta de que hay muchas cosas que uno toma por sentado en su profesión, y que todos venimos de una tradición, de una herencia de conocimiento que no aparece por generación espontánea. El libro está dedicado a su esposa e hija, que están, como dice él, frente al cañón mientras él viaja por el mundo.

Entre sus descubrimientos personales está el filamento Magdalena, una estructura de gas interestelar que encontró mientras trabajaba en el Instituto Max Planck de Astronomía en Alemania. Tiene 100.000 veces la masa del Sol, se extiende 1,7 kiloparsecs a través del espacio, y está a 5.000 años luz de distancia, del otro lado de la Vía Láctea. Nadie la había visto antes porque nadie la había buscado. Soler le puso el nombre del río fundamental de Colombia como un pequeño homenaje a su país. Ahora continúa observando gas interestelar desde Viena, y recientemente descubrió una burbuja alrededor de la Nebulosa de Orión a 1.350 años luz de distancia, algo que tampoco nadie había visto porque nadie lo había buscado.

El siguiente proyecto de Soler será un libro ilustrado sobre Laika, la perra que viajó al espacio hace 70 años, y otro sobre las extinciones, sobre lo que estamos haciendo los humanos en este momento con nuestro planeta y cómo lo veremos en 100 años. Pero primero necesita recuperarse de este libro. Está releyendo El Aleph de Borges, historias cortitas que le dejan espacio para nuevas ideas.

Escribir es una forma de pensar. Cuando quieres articular una idea, no puedes hacerlo en abstracto.
— Juan Diego Soler
Nadie lo había visto porque nadie lo había buscado
— Juan Diego Soler, sobre el filamento Magdalena
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