En las primeras horas de un día de agosto, un joven húngaro de 24 años cruzó sin permiso los límites de un aeropuerto, tomó una avioneta ajena y se elevó sobre el Danubio con el alcohol como único copiloto. Su trayectoria rozó la central nuclear más importante del país, despertando a los cazas militares y recordándonos cuán delgada es la línea entre la imprudencia individual y las consecuencias colectivas. El vuelo terminó entre girasoles, pero las preguntas sobre seguridad —aérea, nuclear y humana— apenas comienzan.
Joven borracho roba avioneta en Hungría y moviliza cazas tras volar cerca de central nuclear
El joven sufrió heridas leves durante el aterrizaje de emergencia en un campo de girasoles.