En Buenos Aires, un joven llamado Gabriel convirtió el caos de un robo callejero en un experimento involuntario sobre justicia, venganza y privacidad en la era digital. Al quedarse con el teléfono de su asaltante, eligió una represalia que expuso imágenes íntimas de personas que no habían elegido estar en esa historia. Lo que siguió —un intercambio negociado, un regaño desde adentro del propio círculo del ladrón, y la viralización de todo— nos recuerda que en el mundo conectado, los actos impulsivos rara vez contienen sus propias consecuencias.
Joven argentino expone fotos íntimas del ladrón tras perder celular en asalto
Se expusieron imágenes íntimas de múltiples personas sin consentimiento como represalia por un robo.