En el umbral del otoño, los balcones del Ayuntamiento de Pamplona se abrieron al cante jondo, cuando José Mercé llevó el flamenco de raíz al corazón de Navarra dentro del Festival Flamenco On Fire. Su presencia en el norte no fue un gesto simbólico, sino una afirmación de que el arte verdadero no reconoce fronteras geográficas ni culturales. Al rendir homenaje a Manuel Alejandro, Mercé recordó que preservar la tradición no es resistirse al tiempo, sino darle al presente unas raíces desde las que crecer.
José Mercé reivindica el flamenco de raíz en el Festival Flamenco On Fire de Pamplona
En el norte hay muy buenos aficionados al mundo del flamenco
¿Por qué es importante que alguien como José Mercé venga específicamente a reivindicar el flamenco de raíz? ¿No está el flamenco ya bien establecido?
El flamenco está establecido, sí, pero constantemente bajo presión. Hay una tendencia a diluirlo, a hacerlo más accesible, más comercial. Mercé viene a decir: esto que ves aquí, esta profundidad, esta melancolía, esto es lo que no se puede perder.
¿Y qué significa que haya buenos aficionados al flamenco en el norte? ¿Es sorprendente para él?
No es sorpresa exactamente. Es más bien una reivindicación. Durante años, el flamenco se ha visto como cosa de Andalucía, de Sevilla, de Cádiz. Pero hay gente en Pamplona, en Bilbao, en toda esta región, que entiende el flamenco profundamente. Mercé está diciendo: reconozcan esto.
¿Qué tiene que ver Manuel Alejandro en todo esto?
Alejandro fue quien demostró que podías ser moderno, innovador, y mantener la raíz intacta. No fue un purista que rechazaba todo cambio, pero tampoco permitía que el flamenco se convirtiera en otra cosa. Es el modelo que Mercé defiende.
¿Por qué los balcones del Ayuntamiento y no un teatro?
Porque los balcones son públicos. Cualquiera que pase por la plaza puede escuchar. No es un evento para iniciados o para gente que compra entrada. Es flamenco en la calle, donde siempre ha estado en el fondo.
The Pulse
- El flamenco tradicional enfrenta el riesgo constante de diluirse en fusiones que pierden su esencia, y Mercé llega a Pamplona precisamente para plantar bandera en defensa de la raíz.
- La actuación en los balcones municipales irrumpe en el espacio público navarro, llevando el cante a las plazas y calles donde cualquier transeúnte puede detenerse y escuchar.
- El Festival Flamenco On Fire apuesta deliberadamente por territorios fuera de Andalucía, desafiando la idea de que la pasión flamenca es un asunto exclusivamente sureño.
- Mercé constata que el norte alberga aficionados conocedores y exigentes, capaces de apreciar los matices de una siguiriya o el peso de una soleá, lo que valida la apuesta del festival.
- El homenaje a Manuel Alejandro traza una línea de continuidad entre los grandes maestros y el presente, señalando que la evolución del flamenco solo es legítima cuando tiene raíces profundas.
En el umbral del otoño, los balcones del Ayuntamiento de Pamplona se abrieron al cante jondo, cuando José Mercé llevó el flamenco de raíz al corazón de Navarra dentro del Festival Flamenco On Fire. Su presencia en el norte no fue un gesto simbólico, sino una afirmación de que el arte verdadero no reconoce fronteras geográficas ni culturales. Al rendir homenaje a Manuel Alejandro, Mercé recordó que preservar la tradición no es resistirse al tiempo, sino darle al presente unas raíces desde las que crecer.
El viernes 28 de agosto, los balcones de la Casa Consistorial de Pamplona se transformaron en escenario cuando José Mercé tomó su lugar en el Festival Flamenco On Fire con una misión bien definida: reivindicar el flamenco de raíz en una región donde la tradición andaluza no siempre encuentra los espacios que merece.
Mercé dejó claro que su defensa del flamenco auténtico no nace de la nostalgia ni del rechazo a la evolución, sino de la convicción de que ciertos elementos —la profundidad melódica, la raíz emocional, la conexión con la tradición— son los que hacen que el flamenco sea flamenco. Su actuación en el corazón administrativo de Navarra fue, en ese sentido, un acto artístico y también un manifiesto.
Particularmente significativa fue su observación sobre el norte de España: allí existen aficionados de gran calidad, públicos atentos que entienden los matices del cante y que desmienten la idea de que esta pasión está confinada al sur. Pamplona y Navarra, en su lectura, no son territorios ajenos al flamenco, sino escenarios legítimos donde la música encuentra resonancia verdadera.
Al rendir homenaje a Manuel Alejandro, Mercé trazó una línea de continuidad entre los grandes maestros del pasado y el presente del arte. No como veneración pasiva, sino como recordatorio de que los mejores creadores supieron mantener la esencia mientras permitían que la música respirara. Esa es la lección que el cantaor parece querer transmitir: que reivindicar la raíz es, ante todo, asegurar que el presente tenga desde dónde crecer.
El festival, al programar a Mercé en los balcones municipales, apostó por una democratización del flamenco: sacarlo de los teatros y los tablaos para devolverlo a la ciudad, a las plazas, a cualquiera que quisiera detenerse un momento y escuchar.
El viernes 28 de agosto, los balcones de la Casa Consistorial de Pamplona se convirtieron en escenario para José Mercé, quien llegó al Festival Flamenco On Fire con una misión clara: reivindicar el flamenco de raíz en una región donde la tradición andaluza no siempre encuentra los espacios que merece.
Mercé, cantaor de larga trayectoria, aprovechó su actuación en el corazón administrativo de la ciudad navarra para recordar que el flamenco auténtico sigue siendo el corazón de su trabajo artístico. No se trata de una postura nostálgica ni de rechazo a la evolución, sino de una defensa consciente de los elementos que hacen que el flamenco sea flamenco: la profundidad melódica, la raíz emocional, la conexión con la tradición que lo precede.
Lo que resulta particularmente notable en su intervención es la observación sobre el norte de España. Mercé señaló que en estas regiones existen aficionados de gran calidad al mundo del flamenco, una afirmación que desafía la idea de que la pasión por este arte está confinada geográficamente al sur. Pamplona, Navarra, y el norte en general, albergan públicos atentos y conocedores que entienden los matices de una saeta, el peso de una siguiriya, la delicadeza de una soleá.
El festival mismo, Flamenco On Fire, ha elegido posicionarse como plataforma de difusión fuera de los territorios tradicionales. Al programar a Mercé en los balcones municipales, la ciudad reconoce que el flamenco no es un patrimonio exclusivo, sino una expresión que trasciende fronteras administrativas y encuentra resonancia en públicos diversos.
En su homenaje a Manuel Alejandro, compositor y productor fundamental en la historia del flamenco moderno, Mercé también trazaba una línea de continuidad. No es un acto de veneración pasiva, sino de reconocimiento de cómo los grandes maestros han sabido mantener la esencia mientras permitían que la música respirara y evolucionara. Esa es la lección que Mercé parece querer transmitir: que reivindicar la raíz no significa rechazar el presente, sino asegurar que el presente tenga raíces profundas de las que crecer.
La programación municipal del festival refleja una apuesta deliberada por llevar el flamenco a espacios públicos, a balcones desde los que la música pueda escucharse en las plazas, en las calles, donde cualquiera pueda detenerse y escuchar. Es una democratización del arte, una insistencia en que el flamenco no pertenece solo a los teatros o a los tablaos, sino a la ciudad misma.
Notable Quotes
En el norte hay muy buenos aficionados al mundo del flamenco— José Mercé