En Sevilla, donde la devoción y el arte llevan siglos entrelazados, la Bienal de Flamenco abrió su nueva edición con una gala que invocó a la Macarena y al Gran Poder como testigos de un género que sigue buscando sus raíces mientras mira hacia adelante. José Mercé, voz mayor del flamenco contemporáneo, encabezó una noche en la que el cante se convirtió en ofrenda y en manifiesto al mismo tiempo. La Bienal reafirma así su lugar como el gran foro donde España escucha, debate y celebra lo que el flamenco fue, es y puede llegar a ser.