Jon McBride, astronauta que orbitó la Tierra 133 veces en 1984, dejó una reflexión que invierte nuestras certezas más arraigadas: el espacio no es el reino del azar, sino el territorio donde la preparación humana alcanza su forma más rigurosa. Su afirmación de que cruzar una avenida en hora pico entraña más riesgo que viajar en una nave espacial no era una provocación, sino el testimonio de quien comprendió que el peligro verdadero reside en lo que hacemos sin pensar. En su visión, el mayor horizonte pendiente no es llegar a otro planeta, sino aprender a vivir en él.