En un momento en que la inteligencia artificial avanza más rápido que la capacidad humana de comprenderla, los líderes de las dos empresas más influyentes del sector han alzado la voz para pedir prudencia. Dario Amodei, de Anthropic, y Sam Altman, de OpenAI, han confluido en un llamado poco común: frenar el ritmo del desarrollo no como renuncia al progreso, sino como condición para que ese progreso no se vuelva contra nosotros. Es una de las pocas veces en la historia tecnológica reciente en que quienes más ganan con la velocidad piden, públicamente, reducirla.