Jason Liberty rechaza subidas de tasas y aboga por diálogo en la gestión de cruceros

La solución no es aumentar impuestos, sino colaborar y escuchar
Liberty rechaza la estrategia fiscal como respuesta a la presión sobre los cruceros en Barcelona.

En el cruce entre el turismo masivo y la soberanía municipal, el CEO de Royal Caribbean Group, Jason Liberty, responde al inminente aumento de la tasa turística para cruceristas en Barcelona —hasta 30 euros por pasajero de un día— no con confrontación, sino con una invitación al diálogo. La compañía, que opera 71 barcos y construye una terminal propia de 85 millones de euros en el puerto barcelonés, sostiene que gravar la industria no resuelve la tensión entre el flujo de visitantes y la vida urbana, sino que la desplaza. En el fondo, Liberty plantea una pregunta que trasciende los impuestos: ¿saben realmente las ciudades qué tipo de turismo quieren?

  • El Parlament de Cataluña avanza hacia una tasa turística de 30 euros para cruceristas de un día, una cifra que la industria considera un desincentivo directo a su actividad en Barcelona.
  • Royal Caribbean no amenaza con marcharse, pero sí advierte que desalentar la industria perjudica a aeropuertos, hoteles y transportistas que dependen del turismo de cruceros.
  • La compañía responde con inversión: 85 millones de euros en una nueva terminal propia en Barcelona, prevista para febrero del próximo año, como señal de compromiso a largo plazo.
  • Liberty propone distribuir mejor a los pasajeros —con beach clubs propios, nuevos puertos y más excursiones— como alternativa real a la saturación, en lugar de subir impuestos.
  • El Mediterráneo representa el 20% de la capacidad del grupo, y la expansión prevista pasa por desarrollar puertos emergentes como Málaga, no por concentrar más barcos en los mismos destinos.

Jason Liberty conduce Royal Caribbean Group —valorada en unos 75.000 millones de dólares y con 71 barcos en tres marcas internacionales— en un momento de creciente fricción con las ciudades europeas que acogen sus cruceros. La más reciente: Barcelona, donde el Parlament de Cataluña se dispone a elevar la tasa turística para pasajeros de un día hasta 30 euros. Liberty no responde con hostilidad. Su postura es casi conciliadora: la empresa mantiene diálogo constante con gobiernos locales, genera actividad económica significativa y distribuye bien a sus pasajeros por la ciudad. Pero lanza una pregunta incómoda: ¿qué quieren realmente las ciudades? ¿Rechazan el volumen de visitantes pero esperan que gasten? ¿No quieren que los pasajeros suban directamente al barco, pero tampoco que recorran las calles?

Para Liberty, la solución no pasa por los impuestos sino por el equilibrio y la colaboración. Barcelona es además un puerto base —uno de los pocos que Royal Caribbean opera en el Mediterráneo—, lo que implica una actividad económica mucho más profunda que la de una escala ordinaria. En ese contexto, la compañía está invirtiendo más de 85 millones de euros en construir su propia terminal en el puerto, con apertura prevista para febrero del próximo año. En paralelo, ha abierto un beach club propio en Santorini para reducir la presión sobre las comunidades locales y distribuir mejor a los pasajeros a lo largo del día.

Sobre el crecimiento en el Mediterráneo —donde opera cerca del 20% de su capacidad total—, Liberty es moderado: la intención no es llevar más barcos a los mismos puertos, sino desarrollar nuevos destinos con potencial, como demostró el estreno del Legend of the Seas en Málaga. Y en cuanto a la construcción naval, la respuesta es inequívoca: Europa seguirá siendo el lugar. No solo por los astilleros de Finlandia, Alemania, Francia e Italia, sino porque el 80% de un crucero lo fabrican proveedores especializados —cocinas, teatros, sistemas a medida— cuya red está concentrada en el continente. Asia construye con eficiencia el mismo barco en serie; Royal Caribbean construye experiencias diferenciadas. Por eso Europa, con toda su historia y su complejidad, sigue siendo el centro de su negocio.

Jason Liberty dirige Royal Caribbean Group desde la cabina de mando de una empresa valorada en aproximadamente 75.000 millones de dólares. Bajo su liderazgo, la compañía opera 71 barcos distribuidos entre tres grandes marcas internacionales, navegando hacia cerca de 1.000 destinos alrededor del mundo. Recientemente, la naviera incorporó el Legend of the Seas, un buque de casi 250.000 toneladas y 364 metros de largo que fue inaugurado en Málaga pero que tendrá a Barcelona como puerto base durante esta temporada.

El contexto es tenso. El Parlament de Cataluña aprobará incrementar la tasa turística para cruceristas de un día hasta 30 euros, una medida que refleja la creciente presión sobre la industria de cruceros en ciudades europeas saturadas. Cuando se le pregunta cómo valora esta decisión, Liberty no cierra filas defensivamente. En cambio, articula una posición que suena casi conciliadora: la compañía mantiene un diálogo constante con gobiernos y comunidades locales. Reconoce que Royal Caribbean genera actividad económica significativa y que distribuye bien a sus pasajeros dentro de Barcelona. Pero luego plantea una pregunta incómoda: ¿qué quieren realmente las ciudades? ¿Rechazan los grandes volúmenes de visitantes pero desean que esos visitantes gasten dinero? ¿No quieren que los pasajeros bajen de un avión y suban directamente al crucero, pero tampoco quieren que exploren la ciudad?

Para Liberty, la respuesta no está en subir impuestos. Está en encontrar equilibrio, en escuchar, en colaborar. Cree que las soluciones deben beneficiar a ambas partes. Cuando se le pregunta si otros puertos mediterráneos podrían seguir el mismo camino, responde con pragmatismo. Teóricamente podrían, pero no lo percibe como una preocupación generalizada. Además, Barcelona es un puerto base, y Royal Caribbean solo opera desde unos pocos puertos base en el Mediterráneo. La compañía genera enorme actividad económica para aeropuertos, transporte y hoteles. Lo lógico, sugiere, sería incentivar que la industria de cruceros continúe desarrollando esa actividad, no desalentarla.

Mientras tanto, Royal Caribbean está construyendo su propia terminal de cruceros en Barcelona con una inversión de más de 85 millones de euros. El proyecto avanza bien, dice Liberty, y espera que esté operativa en febrero del próximo año. La compañía también está ampliando su presencia en destinos específicos. En Santorini, por ejemplo, abrió su propio beach club con una intención clara: mejorar la experiencia del cliente y reducir la presión sobre las comunidades visitadas. La idea es distribuir mejor a los pasajeros a lo largo del día, ofreciendo más excursiones hacia diferentes lugares. Liberty entiende que cuando alguien hace un crucero por Europa, el atractivo principal es la historia y la cultura acumuladas durante cientos o miles de años. La gente no cruza el Atlántico solo para ir a la playa, pero sí disfruta de una buena experiencia en un club de playa.

Sobre el crecimiento futuro en el Mediterráneo, Liberty es cauteloso pero optimista. Aproximadamente el 20% de la capacidad total del grupo opera entre el Mediterráneo occidental y oriental. El resto se distribuye entre los países nórdicos y otras regiones. La intención es aumentar de forma moderada esos despliegues, pero no simplemente llevando más barcos a los mismos destinos. Royal Caribbean está trabajando con distintos gobiernos para desarrollar nuevos puertos. Málaga, por ejemplo, fue magnífico como escenario para el estreno del Legend of the Seas. Hay muchos puertos con potencial.

Cuando se aborda la cuestión de dónde construir barcos, Liberty es claro. Los astilleros europeos tienen una carga de trabajo muy elevada, pero la compañía está muy satisfecha y plenamente centrada en seguir construyendo en Europa junto a socios en Finlandia, Alemania, Francia e Italia. Aquí hay un detalle crucial que Liberty subraya: el 80% de un crucero no lo construye el astillero. Corresponde a proveedores especializados que entregan el barco prácticamente llave en mano: empresas de cocinas, teatros, sistemas específicos. Toda esa red de especialistas está concentrada en Europa y necesita estar cerca del astillero para trabajar de forma coordinada. Asia es extraordinariamente eficiente construyendo el mismo barco una y otra vez, pero ese no es el negocio de Royal Caribbean. Sus clientes buscan cada vez más experiencias personalizadas y diferenciadas. Por eso Europa sigue siendo el lugar.

Generamos una importante actividad económica y distribuimos muy bien a nuestros pasajeros dentro de Barcelona. Lo importante es encontrar un equilibrio, escuchar a la comunidad y comprender qué soluciones pueden generar beneficios para ambas partes.
— Jason Liberty, presidente y director ejecutivo de Royal Caribbean Group
Nuestros clientes buscan cada vez más experiencias mucho más personalizadas y diferenciadas. Por eso seguimos comprometidos con los astilleros europeos.
— Jason Liberty
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué cree que aumentar impuestos es la respuesta equivocada cuando las ciudades están bajo tanta presión por el turismo de cruceros?

Model

Porque los impuestos son un arma contundente. Cierran puertas en lugar de abrirlas. Si Barcelona quiere que los cruceristas gasten dinero en la ciudad, tiene que hacerles sentir bienvenidos, no castigados.

Inventor

Pero las ciudades están literalmente abrumadas. ¿No entiende la frustración?

Model

La entiendo completamente. Por eso invertimos 85 millones en una terminal propia, por eso abrimos un beach club en Santorini. No es solo hablar. Es redistribuir a los pasajeros, mejorar sus experiencias fuera del barco, reducir la presión en los lugares más saturados.

Inventor

¿Y si Barcelona simplemente dice que no quiere más cruceros, sin importar cuánto dinero traigan?

Model

Entonces tenemos una conversación diferente. Pero no creo que sea lo que quieren. Quieren los beneficios económicos sin la congestión. Eso es posible si colaboramos en lugar de enfrentarnos.

Inventor

¿Qué pasa con los astilleros asiáticos? ¿Por qué no construir allí y ahorrar costos?

Model

Porque un crucero moderno no es un producto estandarizado. El 80% viene de proveedores especializados esparcidos por Europa. Necesitan estar juntos, coordinados. Asia construye bien lo mismo una y otra vez. Nosotros construimos experiencias únicas.

Inventor

¿Entonces el futuro de Royal Caribbean en el Mediterráneo es más barcos, pero en nuevos puertos?

Model

Exactamente. Crecimiento moderado, pero inteligente. Málaga mostró que hay puertos con potencial que aún no hemos explotado. Eso es mejor que saturar los que ya tenemos.

Contact Us FAQ