En las orillas del Sena, bajo la sombra de la Torre Eiffel, el escritor peruano Jaime Bayly vivió una noche en que la alegría cotidiana se quebró con una sola llamada: su gata Lola había desaparecido. Aunque el animal fue hallado con vida, el episodio se convirtió en una meditación sobre la fragilidad de la felicidad y la velocidad con que el mundo puede deshacerse. Bayly, que ya cargaba el peso de pérdidas anteriores, encontró en este susto una confirmación de algo que los seres humanos preferimos olvidar: que todo lo que amamos existe siempre al borde de lo efímero.