En el cruce entre identidad nacional y diversidad cultural, el gobierno italiano de Giorgia Meloni ha anunciado una propuesta de ley escolar que prohibiría el burka y el niqab en instituciones educativas y fijaría un techo al número de estudiantes extranjeros por aula. La medida, que ha trascendido fronteras y generado debate internacional, encarna una tensión antigua y no resuelta: la de cómo una sociedad define quién pertenece a sus espacios comunes y en qué términos. Lo que se legisla en las aulas de hoy dibuja, inevitablemente, el rostro de la ciudadanía de mañana.