Italia libera 80.000 pulpos para combatir al cangrejo azul invasor que ha devastado el Adriático

Cientos de pescadores han abandonado su oficio debido al colapso de las poblaciones de almejas causado por la invasión del cangrejo azul.
Un pulpo que capturara una sola hembra cambiaría todo
El investigador Pietro Emmanuele describe el desafío de controlar una especie con capacidad reproductiva casi ilimitada.
Mark

¿Por qué eligieron específicamente el pulpo? Parece una solución muy particular.

Mimi

Porque en el mar, el pulpo es un cazador nato de crustáceos. Pero aquí está el problema: el cangrejo azul vive donde el pulpo no quiere vivir. Es como enviar a un soldado a una batalla en un terreno que no conoce.

Mark

Entonces, ¿el proyecto podría fracasar?

Mimi

No necesariamente fracasar, pero sí tener limitaciones. Por eso están estudiando otras especies. La lubina, la anguila. Cada una es un intento diferente de resolver el mismo problema.

Mark

¿Cuál es el verdadero reto aquí?

Mimi

El potencial reproductivo del cangrejo. Una sola hembra puede generar millones de descendientes. Un pulpo que capture una hembra cambiaría todo. Pero eso es lo que hace que esto sea tan difícil: necesitas que suceda algo muy específico para que funcione.

Mark

¿Qué pasa con los pescadores mientras tanto?

Mimi

Están esperando. Algunos ya se fueron. Otros siguen aquí, viendo cómo sus granjas de almejas desaparecen. El proyecto Octo-Blu es su esperanza, pero es una esperanza que depende de que 80.000 pulpos hagan exactamente lo que los científicos esperan que hagan.

Mark

¿Y si no funciona?

Mimi

Entonces Italia tendrá que pensar en algo más. Pero el tiempo se agota. El cangrejo ya ha ganado demasiado terreno.

  • El cangrejo azul ha destruido el 93% de las capturas de almeja de Manila en el delta del Po, acumulando 17 millones de euros en pérdidas desde 2022 y dejando a cientos de pescadores sin sustento.
  • Con una población estimada en 200 millones de ejemplares solo en Italia, el crustáceo invasor se reproduce a una velocidad que supera cualquier respuesta convencional de control.
  • El proyecto Octo-Blu de la Universidad de Bolonia ha liberado 80.000 pulpos en el Adriático desde junio, con refugios artificiales en el fondo marino para que la especie se establezca como depredadora natural.
  • El plan enfrenta una contradicción ecológica crítica: el pulpo prefiere aguas frías y rocosas, mientras que el cangrejo prospera en las lagunas cálidas y arenosas donde causa mayor daño.
  • El equipo científico estudia aliados alternativos como la lubina y la anguila, reconociendo que ninguna solución única bastará para frenar una invasión que ya se extiende por las costas españolas y el Mediterráneo.

En las costas del Adriático, donde generaciones de pescadores han vivido del mar, una especie foránea ha roto el equilibrio que sostenía una forma de vida entera. El cangrejo azul atlántico, traído involuntariamente por el comercio global y favorecido por el calentamiento de las aguas, ha devastado los criaderos de almejas italianos hasta el punto de que cientos de familias han abandonado su oficio. Ante la magnitud del colapso, la ciencia propone una respuesta que imita a la naturaleza: devolver al mar un depredador ancestral, el pulpo, con la esperanza de que restaure un orden que el ser humano, sin quererlo, destruyó.

En los laboratorios de Cesenatico, junto al Adriático, los científicos crían pulpos por miles como respuesta desesperada a una crisis que ha arrasado con siglos de tradición pesquera. El responsable es el cangrejo azul atlántico, llegado probablemente en el agua de lastre de barcos comerciales y multiplicado sin control al calentarse las aguas mediterráneas. Hoy Italia alberga unos 200 millones de ejemplares.

El daño es devastador. En Emilia-Romaña las pérdidas superan los 17 millones de euros desde 2022, y en el delta del Po las capturas de almeja de Manila han caído un 93 por ciento. Davide Sanulli, pescador de la zona, lo resume con dureza: el cangrejo se lo come todo, incluso las almejas más jóvenes. Cientos de pescadores han abandonado sus redes y sus hijos no heredarán el oficio.

La Universidad de Bolonia propuso una solución que parece sacada de la ciencia ficción: liberar pulpos comunes para que depreden al invasor. El proyecto Octo-Blu ha soltado ya 80.000 ejemplares al mar desde junio, con refugios artificiales de cemento y arcilla en el fondo para que la especie se establezca. El objetivo es duplicar esa cifra antes de finales de agosto.

Sin embargo, el plan tiene un talón de Aquiles: el pulpo prefiere aguas frías y rocosas, mientras que el cangrejo azul domina las lagunas cálidas y arenosas donde más daño causa. El investigador Pietro Emmanuele señala que incluso capturar una sola hembra reproductora marcaría una diferencia, tal es el potencial devastador de la especie. Por eso el equipo estudia también a la lubina y la anguila como aliados complementarios.

Italia se ha convertido en un laboratorio natural para el resto del Mediterráneo. El cangrejo azul ya amenaza humedales y costas en España, desde Valencia hasta Andalucía. La pregunta que nadie ha podido responder todavía es si los pulpos, o cualquier combinación de estrategias, podrán frenar una invasión que el cambio climático y el comercio global han hecho casi imparable.

En los laboratorios de Cesenatico, junto a la costa adriática italiana, los científicos están criando pulpos por miles. No es un acuario turístico ni un proyecto gastronómico. Es una apuesta desesperada contra una invasión que ha arrasado con siglos de tradición pesquera en el Mediterráneo.

El culpable es el cangrejo azul del Atlántico, un crustáceo originario de Norteamérica que llegó al Mediterráneo hace décadas, probablemente escondido en el agua de lastre de los barcos comerciales. Durante años pasó desapercibido. Luego, algo cambió. Las aguas se calentaron. Los inviernos se suavizaron. Los eventos climáticos extremos alteraron el equilibrio ecológico que había mantenido a raya a la especie. El cangrejo azul comenzó a reproducirse sin control. Hoy, según estimaciones de Coldiretti, Italia alberga 200 millones de ejemplares.

El daño es casi incomparable. En la región de Emilia-Romaña, los registros contabilizan pérdidas por 17 millones de euros desde 2022. Las granjas de almejas, que durante generaciones fueron el sustento de comunidades costeras enteras, han colapsado. En el delta del Po, las capturas de almeja de Manila han caído un 93 por ciento. Davide Sanulli, un pescador que ha visto desaparecer su forma de vida, lo describe con una frase que resume la magnitud del desastre: el cangrejo se lo come todo, incluso las almejas jóvenes que viven en el fondo marino. Cientos de pescadores han abandonado sus redes. Sus hijos no heredarán el oficio.

Ante esta emergencia, la Universidad de Bolonia propuso algo que suena a ciencia ficción: liberar pulpos comunes en el Adriático para que depreden al invasor. El proyecto se llama Octo-Blu. Antonio Casalini, uno de los investigadores, explicó la lógica: en su hábitat natural, el pulpo es un depredador formidable de crustáceos. El equipo comenzó a criar alevines en tanques de laboratorio. Cuando alcanzaban el tamaño adecuado, los introducían en grandes bolsas de plástico y los transportaban al mar. Desde junio, han liberado 80.000 pulpos. El objetivo es duplicar esa cifra antes de finales de agosto. En el fondo marino, los investigadores construyeron refugios artificiales de cemento y arcilla para que los pulpos pudieran establecerse y formar una comunidad estable.

Pero el proyecto enfrenta un obstáculo fundamental. El pulpo común prefiere aguas más frías y rocosas. El cangrejo azul prospera en aguas cálidas y arenosas, especialmente en lagunas interiores donde el pulpo rara vez se aventura. Esto significa que la estrategia podría funcionar en algunos lugares pero fallar en otros. Pietro Emmanuele, otro investigador del equipo, subraya el desafío con una observación que revela la magnitud del problema: los cangrejos azules tienen un potencial reproductivo increíble. Si un pulpo capturara incluso una sola hembra, se notaría la diferencia. Una sola hembra. Eso es lo que se necesitaría para cambiar el curso de la invasión.

Por eso el equipo está explorando aliados adicionales. La lubina podría ser más eficaz en zonas someras. La anguila devora huevos de crustáceos con voracidad. Cada especie representa un intento diferente de restaurar un equilibrio que la naturaleza, alterada por el cambio climático y el comercio global, ha perdido.

Italia no está sola en esta batalla. El cangrejo azul se ha expandido por humedales, estuarios y zonas costeras españolas, desplazando especies autóctonas y amenazando la pesca artesanal en Valencia, Cataluña y Andalucía. El caso italiano se observa ahora como un laboratorio natural, un experimento en tiempo real sobre cómo responder a una crisis ecológica que ya ha transformado el delta del Po y amenaza con extenderse aún más por el Mediterráneo. La pregunta que permanece sin respuesta es si los pulpos, o cualquier otra estrategia, podrán frenar una invasión que ha demostrado ser casi imparable.

Elegimos el pulpo porque, en su hábitat natural, es un formidable depredador de crustáceos
— Antonio Casalini, investigador de la Universidad de Bolonia
Los cangrejos azules tienen un increíble potencial reproductivo. Si un pulpo capturara incluso una sola hembra, se notaría la diferencia
— Pietro Emmanuele, investigador del proyecto Octo-Blu
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