En las islas del norte, donde el mar ha dictado siempre las leyes más profundas, Islandia decidió el sábado pasado preservar su soberanía sobre las aguas y la tierra antes que abrazar la integración continental. Con el 52,8 por ciento de los votos, los ciudadanos islandeses rechazaron reabrir las negociaciones de adhesión a la Unión Europea, congeladas desde 2013, en una consulta que movilizó al 82,5 por ciento del electorado —la participación más alta desde la independencia de 1944—. El resultado no es solo una respuesta a Bruselas, sino un espejo de la tensión universal entre la identidad lo