En las costas del Atlántico Norte, una pequeña nación de apenas 400.000 almas se detuvo el sábado para preguntarse a sí misma hacia dónde mira en un mundo que se fragmenta. Islandia convocó a sus ciudadanos a votar sobre si reanudar las negociaciones de adhesión a la Unión Europea, un proceso suspendido en 2013 cuando el escepticismo europeo llegó al poder. Con las encuestas mostrando un empate técnico y la pesca —columna vertebral de su economía— como nudo central del conflicto, el resultado no solo definiría una relación diplomática, sino el lugar que una isla elige ocupar en la historia con