Mientras el calendario electoral estadounidense avanza, Irán no permanece inmóvil: recalibra en silencio su postura diplomática y militar, consciente de que el resultado de noviembre podría redefinir décadas de confrontación. Es la lógica antigua de los actores que no pueden permitirse la pasividad ante la incertidumbre ajena. Teherán observa, calcula y prepara respuestas para escenarios que aún no existen, recordándonos que las elecciones de una nación raramente pertenecen solo a quienes votan en ellas.