En el Golfo Pérsico, donde el petróleo y el poder se entrelazan desde hace décadas, Irán ha pronunciado palabras que alteran el equilibrio tácito que mantenía a raya la guerra abierta: la era de las respuestas proporcionales ha concluido. Tras un ciclo de ataques recíprocos contra buques de ambas naciones, Teherán señala que ya no se contendrá dentro de los límites de la equivalencia militar, abandonando la gramática de la disuasión calibrada que durante años evitó el abismo. Lo que fue un pulso controlado entre rivales históricos se acerca ahora a una espiral cuyas dimensiones ninguno de los