Cada noche, mientras el mundo duerme, el cerebro emprende su propia labor de limpieza interior. Un equipo internacional de investigadores ha logrado medir por primera vez, con ayuda de inteligencia artificial, la velocidad a la que el fluido glinfático recorre distintas regiones del cerebro durante el sueño profundo, revelando un proceso mucho más complejo y variable de lo que la ciencia suponía. Este hallazgo, publicado en Science Advances, abre una ventana hacia la comprensión de enfermedades como el alzhéimer y sitúa el sueño en el centro de la salud neurológica humana.