El momento en que empezaron a darse cuenta de que el fuego les era útil
En las profundidades de la cueva sudafricana de Wonderwerk, investigadores españoles y canadienses han encontrado la huella más antigua conocida del dominio humano del fuego: hace entre 1 y 1,79 millones de años, el Homo erectus no solo aprovechaba las llamas, sino que las transportaba deliberadamente al interior de la cueva para mantenerlas encendidas. Este hallazgo, publicado en PLoS ONE, desplaza en 700.000 años el registro previo y sugiere que la relación entre nuestra especie y el fuego es más profunda, más intencional y más antigua de lo que la ciencia había imaginado. No fue el azar quien encendió la historia humana, sino una voluntad incipiente de custodiar la luz.
- El descubrimiento adelanta en 700.000 años el uso documentado del fuego, obligando a reescribir uno de los capítulos más fundamentales de la prehistoria humana.
- La ubicación de los hogares a 30 metros de la entrada de la cueva elimina cualquier explicación accidental: alguien tuvo que llevar el fuego hasta allí con intención.
- Las egagrópilas de búhos acumuladas durante milenios actuaron como combustible natural, permitiendo que el fuego ardiera de forma controlada sin consumir la cueva.
- La técnica de luminiscencia empleada abre una nueva vía metodológica para detectar el uso del fuego en yacimientos del Pleistoceno sin dañar los fósiles.
- Especialistas advierten que, de confirmarse la datación y la intencionalidad, el hallazgo representaría un hito que transformaría la comprensión de la evolución cognitiva del Homo erectus.
Hace millón y medio de años, en la cueva de Wonderwerk, en Sudáfrica, un grupo de Homo erectus hizo algo que ningún ser vivo había hecho antes: tomó el fuego del exterior y lo llevó adentro, depositándolo sobre el suelo para mantenerlo encendido. No fue un accidente. Fue un acto deliberado.
Un equipo del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid y la Universidad de Toronto acaba de publicar en PLoS ONE las pruebas de este hallazgo. Usando luminiscencia, una técnica no invasiva, identificaron evidencia de fuego en fósiles datados entre 1,07 y 1,79 millones de años, hasta 700.000 años antes de cualquier registro previo. La investigadora Yolanda Fernández-Jalvo explica que los hogares aparecen separados entre sí y ubicados a unos 30 metros de la entrada, lo que descarta que las llamas llegaran accidentalmente desde el exterior.
La clave del hallazgo está en el suelo de la cueva. Durante casi dos millones de años, búhos y rapaces dejaron capas densas de egagrópilas —bolas de huesos y pelo regurgitadas— que formaban un sustrato combustible ideal. Cuando los Homo erectus depositaban una rama encendida sobre esas acumulaciones, el fuego ardía lentamente y de forma controlada. El patrón se repite a lo largo de la secuencia estratigráfica, lo que demuestra que no fue un evento aislado sino una práctica recurrente.
Michael Chazan, de la Universidad de Toronto, subraya que este contexto elimina la ambigüedad habitual en los restos de huesos quemados. Joaquín Panera, de la Universidad Complutense, destaca que la luminiscencia podría convertirse en una herramienta clave para rastrear el uso del fuego en otros yacimientos antiguos. Lo que comenzó en Wonderwerk fue el primer paso de una transformación que definiría a nuestra especie: el instante en que nuestros ancestros comprendieron que podían buscar el fuego, transportarlo y cuidarlo.
Hace millón y medio de años, en una cueva sudafricana llamada Wonderwerk, un grupo de Homo erectus hizo un descubrimiento que cambiaría el curso de su especie: descubrieron que podían llevar el fuego al interior de la cueva y mantenerlo encendido durante horas. No fue un accidente. Fue intencional. Fue el primer paso hacia el dominio del fuego que definiría a la humanidad.
Un equipo internacional liderado por el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid y la Universidad de Toronto acaba de publicar en la revista PLoS ONE las pruebas de este hallazgo extraordinario. Utilizando una técnica no invasiva basada en luminiscencia, los investigadores identificaron evidencia de fuego en fósiles datados entre 1,07 y 1,79 millones de años atrás, lo que significa hasta 700.000 años antes de cualquier otro registro conocido de uso humano del fuego. El descubrimiento no solo adelanta dramáticamente nuestra comprensión de cuándo nuestros ancestros comenzaron a controlar el fuego, sino que revela cómo lo hicieron.
La clave estaba en el suelo de la cueva. Durante casi dos millones de años, búhos y otras rapaces han vivido en Wonderwerk, dejando tras de sí capas densas de egagrópilas, esas bolas de restos orgánicos que regurgitan los pájaros. Estas acumulaciones de huesos y pelo creaban un sustrato combustible perfecto, casi como una alfombra de lana. Cuando los Homo erectus traían una rama encendida desde el exterior y la depositaban sobre estas egagrópilas, el fuego ardía lentamente, de manera controlada, sin propagarse descontroladamente por la cueva. Yolanda Fernández-Jalvo, investigadora del MNCN-CSIC y coautora del estudio, explica que nunca antes habían visto algo así: fogatas separadas entre sí, todas ubicadas a unos 30 metros de la entrada de la cueva, lo que descartaba que fueran llamas que hubieran entrado accidentalmente desde el exterior. Tenían que ser humanos quienes deliberadamente introdujeron el fuego.
Esta ubicación profunda dentro de la cueva es crucial. A 30 metros de la entrada, material en llamas no podría haber llegado por casualidad. Los investigadores sugieren que nuestros ancestros llevaban antorchas encendidas específicamente para encender las acumulaciones de egagrópilas, manteniendo el fuego vivo el mayor tiempo posible. Fernández-Jalvo describe este momento como el inicio de la historia del fuego: el instante en que los Homo erectus se dieron cuenta de que el fuego era útil, de que podían mantenerlo, de que podían acceder a él cuando lo necesitaban.
La metodología empleada representa un avance significativo en sí misma. La luminiscencia permite identificar el efecto del fuego en los fósiles sin dañarlos, abriendo nuevas posibilidades para reconocer el uso del fuego en otros yacimientos del Pleistoceno. Pero el hallazgo en Wonderwerk va más allá de la técnica. Michael Chazan, investigador de la Universidad de Toronto, subraya que este contexto elimina la ambigüedad que a menudo rodea a los restos de huesos quemados, que podrían ser simplemente alimento cocinado. Aquí, el patrón es claro: uso oportunista y recurrente del fuego, traído desde el exterior y mantenido deliberadamente dentro de la cueva.
Los especialistas reconocen la magnitud del descubrimiento. Juan Manuel Jiménez Arenas, de la Universidad de Granada, señala que de confirmarse tanto la datación como la intencionalidad, estaríamos ante un hito que cambiaría el curso de la prehistoria. Tradicionalmente se ha creído que los fuegos más antiguos documentados eran resultado del aprovechamiento de incendios naturales. Este hallazgo sugiere algo más sofisticado: nuestros ancestros no solo aprovechaban el fuego, sino que lo buscaban, lo transportaban, lo cuidaban. Varios factores refuerzan esta conclusión: la ubicación profunda hace improbable que el fuego llegara accidentalmente, y el hecho de que estos fuegos se repitan a lo largo de la secuencia estratigráfica demuestra que no fue un evento aislado sino una práctica recurrente.
Joaquín Panera, especialista en prehistoria de la Universidad Complutense de Madrid, destaca que la principal aportación del artículo es la propuesta metodológica. La luminiscencia puede convertirse en una herramienta fundamental para reconocer el uso del fuego en otros yacimientos antiguos, potencialmente revelando que el control del fuego es aún más antiguo y más extendido de lo que imaginamos. Lo que comenzó hace millón y medio de años en una cueva sudafricana, con un grupo de Homo erectus descubriendo que podían mantener vivo el fuego, fue el primer paso de una transformación que definiría a nuestra especie.
Notable Quotes
Nunca habíamos visto algo así. Habíamos visto posibles señales de fuego, como fogatas separadas entre sí y a unos 30 metros de la entrada, que descartaba que hubieran sido lenguas de fuego que hubiera entrado en la cueva: tenían que ser humanos que introdujeron el fuego conscientemente.— Yolanda Fernández-Jalvo, investigadora del MNCN-CSIC
De confirmarse la datación y, sobre todo, la intencionalidad en la introducción del fuego en la cueva, estaríamos ante un hito que cambiaría el curso de la prehistoria.— Juan Manuel Jiménez Arenas, Universidad de Granada
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué es tan importante que el fuego estuviera a 30 metros de la entrada y no más cerca?
Porque a esa profundidad, el fuego no pudo llegar accidentalmente desde el exterior. Si una rama encendida hubiera entrado por casualidad, habría quedado cerca de la entrada. El hecho de que esté tan adentro significa que alguien la llevó allí deliberadamente.
¿Y las egagrópilas? ¿Por qué importa tanto que fueran búhos los que las dejaran?
Las egagrópilas son fundamentalmente pelo y huesos. Cuando los Homo erectus ponían una rama encendida sobre ellas, el fuego ardía lentamente, controlado, sin propagarse. Era como tener un combustible perfecto que permitía mantener el fuego vivo sin que se extinguiera ni se descontrolara.
¿Cómo sabemos que fue intencional y no solo que descubrieron fuego por casualidad?
Porque se repite. No es un único evento. A lo largo de la secuencia estratigráfica, en diferentes capas de tiempo, encuentran estos fuegos. Eso demuestra que era una práctica, algo que hacían una y otra vez, no un accidente aislado.
¿Qué cambia esto en nuestra comprensión de la prehistoria?
Todo. Creíamos que el control del fuego era mucho más reciente. Esto lo adelanta 700.000 años. Significa que nuestros ancestros no solo aprovechaban lo que la naturaleza les daba, sino que eran capaces de pensar: "Puedo llevar esto aquí, puedo mantenerlo, puedo usarlo cuando lo necesite".
¿Y la técnica de luminiscencia? ¿Por qué es revolucionaria?
Porque permite ver el efecto del fuego en los fósiles sin destruirlos. Hasta ahora, era difícil distinguir entre huesos quemados por fuego humano y huesos que simplemente fueron cocinados. Con luminiscencia, podemos identificar patrones de fuego en otros yacimientos antiguos y descubrir si esto era más común de lo que pensamos.