Desde la Patagonia argentina, la científica Renata Reinheimer ha logrado lo que la evolución clausuró hace 80 millones de años: despertar en los cultivos comerciales la memoria genética de sus ancestros perennes. Su empresa Infira, reconocida por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual como la mejor emprendedora de 2026, ofrece al mundo una respuesta biológica a una de las tensiones más antiguas de la civilización: cómo alimentar a la humanidad sin agotar la tierra que la sostiene.
Investigadora argentina gana premio mundial por convertir cultivos anuales en perennes
Reactivar el código original de la naturaleza que las plantas perdieron hace 80 millones de años
¿Cómo es posible que una planta pierda genes que le permitían vivir varios años y que ustedes puedan simplemente reactivarlos?
No es tan simple como presionar un botón. Los genes no desaparecen; se silencian. Cuando domesticamos plantas hace miles de años, seleccionamos las que morían después de una cosecha porque eso facilitaba el control y la cosecha. Pero el código genético original seguía ahí, dormido. Nosotros identificamos cuáles eran esos genes específicos y encontramos la forma de expresarlos de nuevo.
¿Y eso funciona en cualquier cultivo?
No en cualquiera, pero sí en muchos de los más importantes. El arroz ya está en campo con buenos resultados. La tecnología es lo que llamamos escalable: el principio es el mismo, pero cada especie requiere su propio trabajo de ajuste. Eso es lo que viene ahora.
Desde el punto de vista de un agricultor, ¿qué cambia realmente en su día a día?
Todo. No tiene que comprar semillas cada año, no tiene que arar y preparar el terreno de nuevo, no tiene que gastar en combustible para esa maquinaria. Pero además, su suelo mejora año tras año en lugar de degradarse. Menos químicos, menos agua. Es una ecuación económica y ambiental completamente diferente.
¿Por qué tardó tanto en llegar esto? Si los genes estaban ahí...
Porque necesitábamos entender primero la historia evolutiva de estas plantas, identificar exactamente qué genes se perdieron, y luego tener las herramientas tecnológicas para reactivarlos. Eso es investigación de décadas. Y luego necesitábamos convertirlo en algo que funcionara en la realidad, no solo en el laboratorio. Eso es lo que Infira hizo.
¿Cuál es el riesgo? ¿Qué podría salir mal?
Los riesgos son reales: regulación, adopción por parte de agricultores que están acostumbrados a hacer las cosas de una manera, escala productiva. Pero el riesgo de no hacer nada es mayor. El 70 por ciento de las tierras agrícolas del mundo dependen de sistemas que no son sostenibles a largo plazo.
Le Pouls
- El 70% de las tierras agrícolas del planeta depende de ciclos anuales que erosionan suelos, consumen agua y exigen insumos químicos repetidos cada temporada.
- Reinheimer y su equipo identificaron y reactivaron genes dormidos que los cultivos perdieron hace 80 millones de años, permitiendo que plantas como el arroz rebroten solas tras cada cosecha.
- La tecnología patentada de Infira ya supera la etapa de laboratorio: el arroz se ensaya en campo en su segunda campaña con resultados exitosos en productividad y capacidad de rebrote.
- El premio de la OMPI a Mejor Emprendedora 2026 convierte a Argentina en referente mundial de agricultura regenerativa y abre la puerta a escalar la innovación hacia soja, maíz, caña de azúcar y alfalfa.
- El desafío que sigue es el más complejo: traducir la ciencia en adopción masiva, atravesando regulaciones, inversión y la confianza de los agricultores a escala global.
Desde la Patagonia argentina, la científica Renata Reinheimer ha logrado lo que la evolución clausuró hace 80 millones de años: despertar en los cultivos comerciales la memoria genética de sus ancestros perennes. Su empresa Infira, reconocida por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual como la mejor emprendedora de 2026, ofrece al mundo una respuesta biológica a una de las tensiones más antiguas de la civilización: cómo alimentar a la humanidad sin agotar la tierra que la sostiene.
En San Carlos de Bariloche, la investigadora del Conicet Renata Reinheimer acaba de recibir el reconocimiento de Mejor Emprendedora 2026 de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, un organismo de las Naciones Unidas. El galardón no celebra solo una carrera científica: señala una tecnología que podría cambiar la forma en que el mundo produce alimentos.
El punto de partida fue una pregunta evolutiva. Reinheimer y sus colegas descubrieron que el trigo, el maíz y el arroz descienden de plantas silvestres perennes que rebrotaban naturalmente tras cada cosecha. Hace unos 80 millones de años, esas especies perdieron los genes que hacían posible esa regeneración, y la agricultura moderna terminó de consolidar variedades anuales que mueren después de una sola siembra. El equipo logró reactivar ese código genético dormido mediante un método patentado, logrando que cultivos convencionales puedan rebrotar temporada tras temporada desde una única siembra inicial.
La empresa Infira, fundada en Santa Fe en 2020 junto a la ingeniera química Cecilia Arolfo y la especialista en transferencia tecnológica Victoria Nagel, lleva el desarrollo más avanzado en arroz, que ya se ensaya en campo con resultados concretos en su segunda campaña. La tecnología es escalable a soja, maíz, caña de azúcar y alfalfa.
Los beneficios van más allá del ahorro en semillas y maquinaria. Las plantas perennes construyen raíces más profundas, reducen la erosión, demandan menos agua e insumos químicos, capturan más carbono y enriquecen la vida microbiana del suelo. En un planeta donde el 70% de las tierras agrícolas opera bajo ciclos anuales intensivos, esto representa una alternativa de fondo.
Para Reinheimer, el premio confirma que investigar y emprender son caminos complementarios. El próximo paso —escalar sin perder eficacia, atravesar regulaciones y ganar la confianza de los agricultores— es el más exigente. Pero con resultados de campo que hablan por sí solos y un reconocimiento mundial, el equipo tiene el impulso para intentarlo.
En San Carlos de Bariloche, una investigadora argentina acaba de ganar uno de los premios más prestigiosos del mundo en innovación agrícola. Renata Reinheimer, científica del Conicet, fue reconocida como Mejor Emprendedora de 2026 por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, un organismo especializado de las Naciones Unidas. El galardón no es solo un honor personal: marca el reconocimiento global de una tecnología que podría transformar cómo cultivamos alimentos en todo el planeta.
La innovación que Reinheimer y su equipo desarrollaron es deceptivamente simple en su concepto pero profunda en sus implicaciones. Durante años, ella y sus colegas en el Instituto de Agrobiotecnología del Litoral estudiaron la historia evolutiva de las plantas que hoy alimentan al mundo. Descubrieron algo sorprendente: el trigo, el maíz, el arroz y otros cultivos comerciales descienden de ancestros silvestres que vivían durante varios años, plantas perennes que rebrotaban naturalmente después de cada cosecha. Hace aproximadamente 80 millones de años, esas plantas perdieron los genes que les permitían esta regeneración. La domesticación agrícola, en su búsqueda de eficiencia, seleccionó variedades anuales que morían después de una sola cosecha.
Reinheimer y su equipo, trabajando a través de la empresa Infira que fundaron en Santa Fe en 2020 junto a la ingeniera química Cecilia Arolfo y la especialista en transferencia tecnológica Victoria Nagel, lograron algo que parecía imposible: reactivar ese código genético dormido. Mediante un método patentado, identificaron y expresaron los genes específicos que las plantas habían perdido. El resultado es que cultivos comerciales convencionales ahora pueden rebrotar temporada tras temporada a partir de una única siembra inicial. No es ciencia ficción; es biología aplicada con precisión.
La tecnología es lo que los científicos llaman "escalable", lo que significa que no funciona solo con una especie sino que puede adaptarse a múltiples cultivos de alto valor comercial: arroz, soja, maíz, caña de azúcar, alfalfa. El desarrollo más avanzado está en el arroz, que ya se está ensayando en campo en su segunda campaña con resultados exitosos tanto en productividad como en capacidad de rebrote. Esto no es un experimento de laboratorio; es agricultura real, en tierra real, produciendo resultados medibles.
Los beneficios van mucho más allá de la conveniencia de no tener que resembrar cada año, aunque ese ahorro es significativo. Los agricultores dejarían de gastar en semillas nuevas, combustible para maquinaria, y los costos asociados a la siembra repetida. Pero el impacto ambiental es donde la tecnología muestra su verdadero potencial. Las plantas perennes desarrollan sistemas de raíces más profundos y permanentes que transforman la estructura del suelo, reducen la erosión y crean un ambiente donde prospera la vida microbiana. Requieren menos agua, menos insumos químicos, capturan más carbono de la atmósfera y generan mayor biomasa. En un mundo donde el 70 por ciento de las tierras agrícolas del planeta dependen de ciclos anuales intensivos de siembra, esto representa una alternativa fundamental.
Para Reinheimer, el premio de la OMPI valida una convicción que ha guiado su carrera: que investigar y emprender no son caminos opuestos sino complementarios. La ciencia pura necesita convertirse en soluciones reales que funcionen en el mercado y en la sociedad. Argentina, a través de este trabajo, se posiciona ahora en la vanguardia de la agricultura regenerativa, ofreciendo al mundo una tecnología desarrollada localmente que podría redefinir la sostenibilidad agrícola global.
El próximo capítulo es el más desafiante: llevar esta innovación desde el invernadero y el laboratorio hasta lograr un impacto productivo masivo en el campo. Eso requiere no solo ciencia sino también inversión, regulación, adopción por parte de agricultores, y la capacidad de escalar sin perder eficacia. Pero con un premio mundial en el bolsillo y resultados de campo que hablan por sí solos, el equipo de Reinheimer tiene el impulso y la credibilidad para intentarlo.
Citations marquantes
Investigar y emprender no son caminos opuestos, sino una vía para transformar el conocimiento científico en soluciones reales para el mercado y la sociedad— Renata Reinheimer