Desde la Patagonia argentina, la científica Renata Reinheimer ha logrado lo que la evolución clausuró hace 80 millones de años: despertar en los cultivos comerciales la memoria genética de sus ancestros perennes. Su empresa Infira, reconocida por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual como la mejor emprendedora de 2026, ofrece al mundo una respuesta biológica a una de las tensiones más antiguas de la civilización: cómo alimentar a la humanidad sin agotar la tierra que la sostiene.