Entre 2016 y 2018, mientras los primeros casos del síndrome de La Habana comenzaban a sacudir las misiones diplomáticas en Cuba, funcionarios canadienses operaban en una dimensión paralela: recopilando inteligencia humana y compartiéndola con agentes estadounidenses y socios de la alianza Five Eyes. La investigación de The Globe and Mail pone en tensión la narrativa oficial de Ottawa, que insiste en que su programa de seguridad diplomática es abierto y legal, frente a los hallazgos de su propio organismo de control, que en 2023 lo situó en una zona gris. Lo que emerge es una historia sobre los
Investigación revela que diplomáticos canadienses realizaron espionaje en Cuba
Operaba en una zona claramente gris entre protección y espionaje
¿Por qué importa si diplomáticos canadienses compartían información con agentes estadounidenses? ¿No es normal que los aliados intercambien inteligencia?
Lo normal es que lo hagan a través de canales oficiales. Aquí estamos hablando de entregas directas, equipos satelitales encubiertos, y un programa que el gobierno dice que no es de inteligencia pero que un organismo de control canadiense determinó que operaba en una zona gris.
Pero espera. Las dos fuentes son anónimas. No sabemos quiénes son, cuál es su acceso real a esta información, o si tienen algún interés en hacer que esto se vea peor de lo que es.
Eso es justo. Y el Globe and Mail no identificó al diplomático involucrado ni especificó qué información se compartía. Hay mucho que no sabemos.
¿Y el síndrome de La Habana? ¿Está conectado con el espionaje?
Eso es lo que hace la historia tan extraña. El espionaje sucedía mientras los diplomáticos enfermaban. Pero nadie ha probado una conexión causal.
Canadá dice que no hay pruebas de que una potencia extranjera causara los problemas de salud. Estados Unidos acaba de retirar sus propias evaluaciones que decían lo mismo. Eso sugiere que la inteligencia estadounidense cambió de opinión, pero no sabemos por qué.
¿Entonces el gobierno canadiense está ocultando documentos?
Invocó una disposición de seguridad nacional en 2025 para limitar la divulgación de documentos en el litigio. Dice que es para proteger la seguridad nacional.
Pero eso también podría ser una forma de evitar que salgan a la luz cosas incómodas. No podemos saber cuál es la verdadera razón sin ver los documentos.
¿Qué viene ahora?
El litigio continúa. Los diplomáticos reclaman una compensación multimillonaria. Y las preguntas sobre qué sucedió en Cuba siguen sin respuesta.
El Pulso
- Diplomáticos canadienses entregaban información obtenida mediante fuentes humanas directamente a oficiales estadounidenses en Cuba, según dos fuentes anónimas citadas por The Globe and Mail.
- Los datos circulaban además hacia el CSIS y los aliados de Five Eyes a través de equipos satelitales que Estados Unidos habría introducido encubiertamente en la isla, revelando una infraestructura de inteligencia paralela a los canales diplomáticos formales.
- El gobierno canadiense niega categóricamente que sus diplomáticos hayan actuado como agentes de inteligencia, pero su propio organismo de supervisión determinó en 2023 que el programa operaba en una zona gris con vínculos a agencias extranjeras.
- Los diplomáticos canadienses y sus familias destinados en Cuba sufren problemas de salud persistentes y sin explicación, y han iniciado un litigio multimillonario contra Ottawa por la gestión de la crisis.
- En 2025, el gobierno canadiense invocó una disposición inusual de seguridad nacional para restringir documentos del expediente judicial, profundizando las sospechas sobre lo que realmente ocurrió en La Habana.
Entre 2016 y 2018, mientras los primeros casos del síndrome de La Habana comenzaban a sacudir las misiones diplomáticas en Cuba, funcionarios canadienses operaban en una dimensión paralela: recopilando inteligencia humana y compartiéndola con agentes estadounidenses y socios de la alianza Five Eyes. La investigación de The Globe and Mail pone en tensión la narrativa oficial de Ottawa, que insiste en que su programa de seguridad diplomática es abierto y legal, frente a los hallazgos de su propio organismo de control, que en 2023 lo situó en una zona gris. Lo que emerge es una historia sobre los límites porosos entre la protección diplomática y el espionaje, agravada por el sufrimiento sin explicación de quienes sirvieron en la isla y aún esperan respuestas.
Entre 2016 y 2018, mientras diplomáticos canadienses y estadounidenses en La Habana comenzaban a reportar dolencias inexplicables, funcionarios de Ottawa recopilaban inteligencia en la isla y la entregaban directamente a agentes estadounidenses. Así lo reveló The Globe and Mail, citando a dos fuentes anónimas que describieron el traspaso de datos obtenidos mediante contactos personales durante el período inicial del síndrome de La Habana.
Según el reportaje, la información no solo fluía hacia Washington: también llegaba a la división de seguridad del Ministerio de Exteriores canadiense, al CSIS y a los socios de la alianza Five Eyes. Para mantener estos intercambios fuera de los canales diplomáticos ordinarios, el personal canadiense utilizaba equipos de comunicación satelital que Estados Unidos habría introducido de forma encubierta en Cuba.
El gobierno canadiense rechaza las acusaciones y sostiene que su Programa Global de Informes de Seguridad opera de manera abierta y legal, con el único propósito de proteger al personal diplomático. Sin embargo, un organismo de control determinó en 2023 que ese programa se movía en una zona claramente gris y que algunos de sus miembros mantenían vínculos con agencias extranjeras de inteligencia.
Mientras el debate institucional continúa, los diplomáticos canadienses y sus familias destinados en Cuba cargan con secuelas de salud que permanecen sin explicación: dolores de cabeza, problemas auditivos y alteraciones cognitivas que en algunos casos persisten años después. Este grupo ha iniciado un litigio multimillonario contra Ottawa por la forma en que el gobierno manejó la crisis. En 2025, el ejecutivo canadiense recurrió a una disposición inusual de seguridad nacional para restringir documentos del expediente judicial, una medida que ha profundizado las dudas sobre qué ocurrió realmente en La Habana y qué información fue compartida con los aliados.
Entre 2016 y 2018, mientras diplomáticos canadienses y estadounidenses en La Habana comenzaban a reportar dolencias inexplicables, funcionarios canadienses estaban recopilando información de inteligencia en la isla y entregándola directamente a agentes estadounidenses. Así lo reveló una investigación del diario canadiense The Globe and Mail, que citó a dos fuentes anónimas describiendo el traspaso de datos obtenidos a través de contactos personales durante el período inicial de lo que se conocería como el síndrome de La Habana.
Según el reportaje, un diplomático canadiense obtenía información mediante fuentes humanas —el método tradicional de la inteligencia que depende de contactos personales— y en ocasiones la entregaba de manera directa a oficiales estadounidenses destinados en Cuba. El proceso no se limitaba a intercambios bilaterales. Los datos fluían hacia la división de seguridad e inteligencia del Ministerio de Exteriores canadiense, hacia el Servicio Canadiense de Inteligencia de Seguridad (CSIS) y hacia los socios de Canadá en la alianza Five Eyes, la red de cooperación de inteligencia que integran Estados Unidos, Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda y Canadá. Para mantener estos contactos fuera de los canales diplomáticos ordinarios, el personal canadiense utilizaba equipos de comunicación satelital que Estados Unidos habría introducido de forma encubierta en la isla.
La revelación plantea una pregunta incómoda sobre los límites de lo que Canadá estaba haciendo en Cuba. El gobierno canadiense sostiene que su Programa Global de Informes de Seguridad, conocido por sus siglas en inglés como GSRP, recopila información de manera abierta y legal con el propósito de informar sobre riesgos para el personal diplomático y las representaciones canadienses en el exterior. Global Affairs Canada rechazó categóricamente que sus diplomáticos hubieran transmitido información de inteligencia a agentes estadounidenses, insistiendo en que el GSRP no es un programa de recopilación de inteligencia.
Pero esa negativa contrasta con lo que encontró en 2023 el organismo canadiense responsable de supervisar las actividades de seguridad nacional. Ese ente determinó que el GSRP operaba en una zona claramente gris y que algunos de sus miembros mantenían vínculos con agencias extranjeras de inteligencia. El hallazgo alimentó las preguntas sobre dónde termina la protección legítima del personal diplomático y dónde comienza la cooperación con servicios de inteligencia de otros países.
Mientras tanto, los diplomáticos canadienses y sus familias que estuvieron destinados en Cuba enfrentan problemas de salud que permanecen sin explicación. Los primeros síntomas fueron reportados por personal estadounidense y canadiense en La Habana: dolores de cabeza, mareos, problemas auditivos, alteraciones cognitivas y otras afecciones que en algunos casos han persistido durante años. Estos diplomáticos y sus familiares han iniciado un litigio contra el gobierno de Ottawa reclamando una compensación multimillonaria por la forma en que el gobierno manejó su respuesta ante estas dolencias.
Las causas del síndrome de La Habana siguen siendo un misterio. Investigaciones periodísticas han planteado la posibilidad de armas de energía dirigida vinculadas con Rusia, pero Canadá concluyó oficialmente en 2024 que no había pruebas de que los problemas de salud fueran resultado de una acción maliciosa de una potencia extranjera. En Estados Unidos, sin embargo, las evaluaciones de inteligencia que consideraban improbable la intervención de un adversario extranjero fueron retiradas en 2026 y ahora están bajo una nueva revisión. Las dudas persisten sobre qué sucedió realmente en la embajada canadiense en Cuba y en otras ubicaciones donde diplomáticos reportaron síntomas similares.
En 2025, el gobierno canadiense recurrió a una disposición inusual de seguridad nacional para limitar la divulgación de documentos en el expediente judicial del litigio, una medida que permite restringir información cuya publicación pueda afectar la seguridad nacional, la defensa o las relaciones internacionales de Canadá. La investigación del Globe and Mail, entonces, llega en un momento en que las preguntas sobre lo que Canadá estaba haciendo en Cuba, por qué sus diplomáticos enfermaron, y qué información fue compartida con sus aliados permanecen sin respuestas claras.
Citas Notables
No es un programa de recopilación de inteligencia— Global Affairs Canada, sobre el Programa Global de Informes de Seguridad
El GSRP se desenvolvía en una zona claramente gris y algunos de sus miembros mantenían vínculos con agencias extranjeras de inteligencia— Organismo canadiense de supervisión de seguridad nacional, 2023