En el cruce entre la soberanía regulatoria y la lógica del capital global, España ha visto cómo Amazon, Microsoft y Google retiran sus planes de construir centros de datos en el país tras un decreto gubernamental que impone condiciones que ni las infraestructuras existentes pueden cumplir. Lo que el Gobierno concibió como regulación se ha convertido en una fractura entre el Estado y las mayores empresas tecnológicas del mundo, con Aragón atrapada en medio y los inversores preparando demandas judiciales. Es el recordatorio de que la confianza regulatoria, una vez rota, no se recupera con facili