En San Juan, donde la expansión minera redefine el horizonte económico provincial, surge una pregunta que trasciende a los grandes capitales: ¿puede el ciudadano común participar de esa riqueza sin ser millonario? Dos especialistas señalan que sí, pero por caminos distintos — uno que conecta al inversor local con los mercados globales, y otro que ancla el capital en el tejido productivo propio. La elección entre ambos no es solo financiera; es también una decisión sobre qué tipo de economía se quiere construir.