Interior prepara relevo en jefatura de Mossos tras tensiones por infiltraciones

Necesitamos equipos mixtos, equilibrados, que permitan pasar página
Mandos de los Mossos sobre la necesidad de renovación en la cúpula del cuerpo.
Mark

¿Por qué es tan complicado cambiar a un comisario jefe en los Mossos?

Mimi

Porque la cúpula es pequeña y el cuerpo arrastra rencillas del pasado. Ocho jefes en nueve años dejan cicatrices. No es solo elegir a alguien competente; es elegir a alguien que pueda mantener la paz interna.

Mark

¿Qué pasó realmente con las infiltraciones en las asambleas de profesores?

Mimi

Los Mossos se infiltraron en una asamblea de maestros. Parlon pidió perdón en el Parlament. Fue un momento de quiebre entre ella y Trapero, aunque ambos dicen que trabajan en equipo.

Mark

¿Trapero tiene poder real para bloquear el nombramiento?

Mimi

Técnicamente, Parlon decide. Pero necesita su beneplácito. Si no lo tiene, el nuevo comisario llega con una mano atada. Es política de policía.

Mark

¿Qué dicen los mandos sobre cómo dirige Trapero?

Mimi

Que baja demasiado al detalle. Que no deja que la segunda cadena de mando tenga relevancia. Que antes era el máximo mando operativo y ahora es director, pero sigue pensando como operativo.

Mark

¿Hay candidatos claros para el relevo?

Mimi

No se sabe. Parlon no ha confirmado si será una mujer, pero fuentes lo sugieren. Lo que está claro es que el nuevo comisario debe ser conciliador, como Esquius.

Mark

¿Qué espera el cuerpo de este cambio?

Mimi

Estabilidad. Que pase página. Que haya equipos mixtos y equilibrados. Después de ocho cambios en nueve años, lo que piden es que las cosas se asienten.

  • La jubilación de Esquius en octubre activa un proceso de sucesión que, aunque presentado como ordenado, encierra una negociación delicada entre Parlon y Trapero, cuya relación ha acumulado fricciones a lo largo del año.
  • Las infiltraciones de los Mossos en una asamblea de profesores y una actuación controvertida de los antidisturbios durante una visita del Rey generaron crisis políticas que obligaron a Parlon a pedir perdón en el Parlament y a rendir cuentas ante la oposición.
  • Fuentes del Departamento de Interior aseguran que la designación del nuevo comisario jefe 'está atada' y se ejecutará en septiembre, con posibilidades de que recaiga en una mujer, aunque Parlon no lo ha confirmado públicamente.
  • Mandos del cuerpo advierten que las rencillas del pasado siguen pesando, que Trapero tiende a intervenir en niveles de detalle que corresponden a otros escalones, y que la segunda cadena de mando ha perdido protagonismo.
  • La convocatoria para nombrar nuevos comisarios lleva meses bloqueada, y muchos dentro del cuerpo ven en el ascenso de generaciones más jóvenes la única vía para cerrar las cuentas pendientes de una institución exhausta de cambios.

En octubre, la jubilación del comisario Miquel Esquius obliga a la cúpula de los Mossos d'Esquadra a enfrentar una transición que va más allá del simple relevo de un mando: pone en evidencia las tensiones acumuladas entre la consejera Núria Parlon y el director Josep Lluis Trapero, tensiones nacidas de episodios polémicos que han sacudido la primavera catalana. En un cuerpo que ha conocido ocho jefes en nueve años, la elección del sucesor no es solo un trámite administrativo, sino una apuesta por la estabilidad en una institución que aún carga con las heridas de sus propias disputas internas.

En octubre, Miquel Esquius dejará la jefatura de los Mossos d'Esquadra al jubilarse, lo que obliga a la consejera de Interior, Núria Parlon, a designar un sucesor con el respaldo del director Josep Lluis Trapero. El proceso llega en un momento delicado: la relación entre ambos ha atravesado una primavera turbulenta marcada por polémicas que pusieron a prueba su capacidad de entendimiento. Parlon ha descrito el relevo como algo que se hará con «cierta naturalidad y tranquilidad», y fuentes del Departamento aseguran que la decisión «está atada» y se ejecutará en septiembre.

Las tensiones tienen episodios concretos. La infiltración de agentes en una asamblea de profesores desató una crisis que llevó a Parlon a pedir perdón en el Parlament y derivó en denuncias y peticiones de reprobación. Otro momento de alta temperatura fue la actuación de los antidisturbios durante una visita del Rey a Montserrat: Trapero defendió que un activista golpeó a un mosso con una defensa extensible; la oposición insistió en que era una caña de pescar. El hombre fue absuelto, y Parlon tuvo que volver a dar explicaciones. A pesar de todo, ambos mantienen públicamente un discurso de trabajo en equipo y mirada compartida sobre la seguridad.

El cambio se produce sobre un suelo institucional frágil. Los Mossos han tenido ocho jefes en nueve años, y las rencillas de ese período siguen aflorando. El talante conciliador de Esquius había mejorado el clima interno, pero mandos del cuerpo señalan que Trapero interviene en ocasiones en niveles de detalle que no corresponden a su rango, y que la segunda cadena de mando ha perdido peso real. La convocatoria para nombrar nuevos comisarios lleva meses paralizada, y muchos dentro del cuerpo esperan que el ascenso de perfiles más jóvenes ayude a cerrar las cuentas del pasado. Lo que la mayoría pide es lo mismo: estabilidad, agenda y que el trabajo salga adelante.

En octubre, Miquel Esquius se jubilará como comisario jefe de los Mossos d'Esquadra, lo que obligará a una reestructuración en la cúpula de la policía catalana. La designación de su sucesor corresponde a la consejera de Interior, Núria Parlon, pero el proceso no es simple: requiere también el beneplácito del director de la policía, Josep Lluis Trapero. Este cambio llega en un momento delicado, cuando la relación entre ambos se ha visto tensionada por una primavera marcada por polémicas que han puesto a prueba su capacidad de entendimiento.

Esquius, quien ya fue jefe del cuerpo en 2018, fue elegido por el gobierno del PSC con un talante conciliador. Su jubilación no solo implica buscar un reemplazo, sino que afectará a otras piezas de la jefatura: el comisario Josep Maria Estela, la comisaria Alicia Moriana y el intendente Toni Rodríguez. Parlon ha asegurado en una entrevista con Efe que el cambio se hará con "cierta naturalidad y cierta tranquilidad", aunque no ha confirmado si elegirá a una mujer, como afirman diversas fuentes. Según fuentes del Departamento de Interior, la designación "está atada" y se ejecutará en las próximas semanas, probablemente en septiembre.

Las tensiones que han marcado los últimos meses tienen raíces concretas. La infiltración de los Mossos en una asamblea de profesores desató una crisis política: Parlon pidió perdón en sede parlamentaria por lo ocurrido, lo que derivó en varias denuncias y una petición de reprobación parlamentaria tanto para ella como para Trapero. Otro episodio que subió los decibelios fue una actuación de los antidisturbios durante una visita del Rey a Montserrat, cuando un activista fue denunciado por agredir a un mosso. Trapero defendió que le había golpeado con una defensa extensible; la oposición insistió en que era una caña de pescar. El hombre fue absuelto en sede judicial, y Parlon tuvo que rendir cuentas en el Parlament. Además, el final de curso fue especialmente complejo, con un incremento de la violencia y los tiroteos en las calles.

A pesar de estas tensiones, Parlon defiende públicamente el trabajo de Trapero. Lo describe como "un valor añadido" gracias a su "experiencia y conocimiento en profundidad" del mundo de la seguridad, y asegura que está haciendo un trabajo "bueno y adecuado". Trapero, por su parte, defendió en febrero su relación con la consejera: "Trabajamos en equipo, tenemos una mirada bastante similar de la seguridad". Insistió en que, aunque algunos auguraron que en "pocos meses" se habrían "peleado", confiaba en que "no pasará". Fuentes del Departamento atribuyen los desencuentros puntuales a las diferencias normales de un trabajo diario complejo, con muchos frentes y repercusiones.

El cambio de mando se produce en un contexto de inestabilidad institucional. Los Mossos han tenido ocho jefes en los últimos nueve años, algunos de los cuales repitieron en el cargo, dejando secuelas de rencillas internas y disputas. Mandos del cuerpo admiten que las riñas del pasado siguen pasando factura en algunas ocasiones, aunque el talante conciliador de Esquius ha permitido mejorar el clima. Sin embargo, hay críticas sobre la manera de dirigir de Trapero: fuentes policiales señalan que "en ocasiones, baja mucho al detalle, en cuestiones que él no permitiría que hiciese un director". Otros mandos se quejan de que la segunda cadena de mando ha dejado de tener un papel relevante.

Entre las cuestiones pendientes está la futura convocatoria para nombrar nuevos comisarios, que lleva meses a la espera de luz verde. Algunos esperan que el ascenso de personas más jóvenes sea una posible solución al mal endémico de las facturas pendientes del pasado. Otros sospechan que el concurso se alarga por la dificultad de elegir candidatos, teniendo en cuenta además la cuota femenina. Mandos de los Mossos insisten en que "necesitamos equipos mixtos, equilibrados, que permitan pasar página". Al final, la mayoría busca lo mismo: que salga adelante el trabajo, que haya una agenda potente y que exista estabilidad en un cuerpo que ha sufrido demasiados cambios en muy poco tiempo.

Trabajamos en equipo, tenemos una mirada bastante similar de la seguridad
— Josep Lluis Trapero, director de los Mossos
Un valor añadido gracias a su experiencia y conocimiento en profundidad del mundo de la seguridad
— Núria Parlon, consejera de Interior, sobre Trapero
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