En los márgenes del poder administrativo, el Ministerio del Interior ha resuelto una encrucijada política sin pronunciar una sola palabra en público: el teniente coronel Balas permanecerá al frente de la UCO simplemente porque su antiguo puesto no apareció en la lista oficial de vacantes. Lo que no se dice define, a veces, más que cualquier declaración. La burocracia, convertida en escudo, ha evitado un conflicto institucional que amenazaba con exponer las tensiones entre el Gobierno y la Guardia Civil en medio de investigaciones que rozan al PSOE.