En las orillas del sur de Florida, donde el fútbol de élite convive con el calor del trópico, Lionel Messi recordó al mundo por qué su presencia transforma cualquier partido en un acontecimiento. El Inter Miami aplastó 7-1 al CF Montreal en una noche que contrastó el esplendor de los grandes con la fragilidad de quienes luchan por sobrevivir en la tabla. Mientras Messi orquestaba desde las alturas, Alexis Sánchez no encontró el camino, y la distancia entre ambos equipos —en puntos y en fútbol— quedó expuesta sin piedad.