En el silencioso teatro de la vigilancia digital, los servicios de inteligencia de varios países investigan si Marruecos ha obtenido una variante modificada del spyware Pegasus, diseñada para operar fuera del alcance de los sistemas de detección convencionales. Lo que está en juego no es solo un caso de espionaje estatal, sino una pregunta más profunda sobre cuántos gobiernos poseen ya capacidades similares y si la comunidad internacional tiene los medios para contenerlas. La sospecha, reportada por The Objective, ilumina una grieta estructural en la gobernanza de la ciberseguridad global: las