La IA gallega salva 1.800 toneladas de alimentos al año contra el desperdicio

La comida encuentra un comprador antes de convertirse en residuo
El objetivo técnico de los algoritmos de Too Good to Go en Galicia, que salvan 1.800 toneladas de alimentos anuales.

En una región donde el aprovechamiento de los alimentos forma parte del alma colectiva, la inteligencia artificial ha encontrado en Galicia un aliado inesperado: más de mil comercios que, al caer la tarde, convierten sus excedentes en oportunidad. Too Good to Go, presente desde 2019, ha salvado 1.800 toneladas de alimentos al año mediante algoritmos que conectan lo que sobra con quien lo necesita, justo antes de que el tiempo lo condene al cubo de basura. Lo que nació como gesto ecológico se ha vuelto, ante la presión de la inflación, una necesidad cotidiana para familias de todas las edades.

  • El precio de la cesta básica ha alcanzado los 321 euros mensuales, el nivel más alto desde junio de 2024, convirtiendo el ahorro en una urgencia real para muchas familias gallegas.
  • Más de mil establecimientos —desde panaderías de barrio hasta cadenas como Carrefour y Vegalsa-Eroski— ofrecen Packs Sorpresa con descuentos de hasta el 70%, creando una red de rescate alimentario que abarca las cuatro provincias.
  • Los algoritmos de machine learning analizan en tiempo real historial de compras, cancelaciones y geolocalización para que cada pack encuentre comprador antes de convertirse en residuo, un reto técnico especialmente complejo en municipios pequeños del interior.
  • El perfil de usuario se ha ampliado de forma inesperada: personas mayores se suman a la plataforma por recomendación de hijos y nietos, fusionando la cultura tradicional del aprovechamiento con la tecnología más reciente.
  • La herramienta ha evolucionado con funciones como 'Pide a un amigo' y conexión directa con fabricantes, abriendo el acceso a quienes viven lejos de los comercios adheridos y consolidando su papel como instrumento financiero, no solo ambiental.

En Galicia, donde el caldo de verduras y la empanada de sobras llevan generaciones enseñando que nada debe perderse, una plataforma de inteligencia artificial ha hallado el terreno ideal. Too Good to Go llegó en 2019 como proyecto de conciencia ambiental; hoy, más de mil establecimientos la usan para transformar excedentes en ingresos y en ahorro para consumidores cada vez más presionados por la inflación.

La mecánica visible es sencilla: al cierre del día, panaderías, fruterías y supermercados empacan lo que no se venderá en Packs Sorpresa con descuentos de hasta el 70%. Pero detrás opera una arquitectura sofisticada: algoritmos de machine learning que procesan en tiempo real el historial de cada usuario, sus preferencias, sus cancelaciones y la ubicación exacta de nuevas ofertas. El objetivo es que la comida encuentre comprador antes de convertirse en residuo.

Tras la pandemia, grandes cadenas como Vegalsa-Eroski, Carrefour y Alcampo se integraron al sistema, extendiendo la red desde las ciudades hasta municipios del interior como Cangas, Carballo o A Mariña lucense. Uno de los mayores retos fue adaptar la geolocalización a entornos rurales con la misma eficiencia que en las urbes. El resultado: 1.800 toneladas de alimentos salvadas al año en Galicia, según su directora general en España, Marie Lindström.

Lo que sorprende es quién usa la aplicación. Aunque el perfil nacional apunta a familias de entre 25 y 44 años, en Galicia las personas mayores se están sumando por recomendación de hijos y nietos, atraídas tanto por el ahorro como por una conciencia del aprovechamiento que forma parte del ADN cultural de la región.

La plataforma ha incorporado funciones como 'Pide a un amigo', que permite delegar la recogida, y categorías que conectan directamente con fabricantes para recibir excedentes a domicilio. Compradores y vendedores acceden a paneles de analítica que traducen cada decisión en euros ahorrados e impacto ambiental medible. Con una cesta básica que ya cuesta 321 euros mensuales, Too Good to Go ha dejado de ser una tendencia ecológica para convertirse en una herramienta financiera indispensable en muchos hogares gallegos.

En Galicia, donde la cocina tradicional ha enseñado durante generaciones a aprovechar hasta la última migaja —el caldo que rescata restos de verdura, la empanada que da segunda vida a sobras—, una plataforma de inteligencia artificial ha encontrado el terreno perfecto para prosperar. Too Good to Go llegó a los comercios gallegos en 2019 como un proyecto de conciencia ambiental. Hoy, más de mil establecimientos la utilizan para convertir lo que de otro modo sería basura en dinero en el bolsillo de consumidores cada vez más apretados por la inflación.

La mecánica es simple en apariencia. Cuando cae la tarde en una panadería, una frutería o un supermercado, quedan excedentes: pan que no se venderá mañana, frutas que empiezan a madurar demasiado rápido, productos cuya fecha de caducidad se acerca. En lugar de tirarlos, los comercios los empacan en lo que llaman Packs Sorpresa y los ofrecen a través de la aplicación con descuentos de hasta el 70%. Pero detrás de esa sencillez opera una arquitectura tecnológica sofisticada. La plataforma despliega algoritmos de machine learning que analizan en tiempo real decenas de señales simultáneamente: el historial de compras de cada usuario, sus preferencias, sus cancelaciones de última hora, la ubicación exacta de nuevas ofertas en su zona. Con todo ese volumen de datos, la inteligencia artificial optimiza continuamente qué packs mostrar a cada persona, en qué momento, en qué lugar. El objetivo técnico es brutal en su claridad: que la comida encuentre un comprador antes de convertirse en residuo.

Lo que comenzó en 2019 como un experimento en pequeños comercios de proximidad —panaderías y fruterías de barrio— se transformó después de la pandemia. Fue entonces cuando grandes cadenas como Vegalsa-Eroski, Carrefour y Alcampo decidieron integrar el sistema en sus operaciones. Hoy la red se extiende por las cuatro provincias gallegas, desde las ciudades grandes hasta municipios del interior como O Valmiñor, A Mariña lucense, Cangas y Carballo. Uno de los mayores desafíos técnicos fue perfeccionar los sistemas de geolocalización para que funcionaran con la misma eficiencia en una gran ciudad que en una localidad pequeña. Lo lograron. Según Marie Lindström, directora general de Too Good to Go en España, la plataforma ha salvado 1.800 toneladas de alimentos al año en Galicia.

Lo que sorprende a los creadores de la plataforma es quién la usa. A nivel nacional, el usuario típico tiene entre 25 y 44 años, suele ser una familia de tres o cuatro miembros. Pero en Galicia está ocurriendo algo distinto: personas mayores están descargando la aplicación gracias a la recomendación de sus hijos o nietos. Algunos llegan atraídos por el ahorro puro. Otros, dice Lindström, vienen por algo más profundo: la posibilidad de que la comida no se desperdicie, esa conciencia sobre el aprovechamiento que está en el ADN cultural de la región.

La plataforma ha añadido capas de funcionalidad para hacer el proceso más flexible. Existe una función llamada Pide a un amigo que permite autorizar a otra persona a recoger tu paquete. También han creado categorías que conectan directamente con fabricantes de alimentos grandes, permitiendo que los usuarios reciban excedentes directamente en casa con descuentos profundos, lo que abre la puerta a quienes no tienen comercios adheridos cerca. Tanto compradores como vendedores acceden a paneles de analítica avanzada. Los comercios pueden ver cuántos packs han salvado, cuánto dinero han recuperado, cuál es su impacto en la mitigación de carbono. Los usuarios ven el dinero que han ahorrado y el impacto ambiental de sus decisiones de compra, traducido en números verdes.

Lo que comenzó como una iniciativa ambiental se ha convertido en algo más urgente. Según la Organización de Consumidores y Usuarios, una cesta de 100 productos básicos cuesta ahora 321 euros mensuales, el importe más alto registrado desde junio de 2024. En ese contexto, Too Good to Go ya no es una tendencia ecológica. Es una herramienta financiera. La tecnología que optimiza el desperdicio ahora también optimiza el presupuesto de las familias gallegas.

El verdadero punto de inflexión llegó tras la pandemia, cuando la concienciación ambiental se duplicó y grandes cadenas decidieron integrar la solución
— Marie Lindström, directora general de Too Good to Go en España
En Galicia hay un fenómeno de adopción intergeneracional: cada vez son más las personas mayores que utilizan la aplicación gracias a la recomendación de sus hijos o nietos
— Marie Lindström, directora general de Too Good to Go en España
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué funciona esto en Galicia cuando podría funcionar en cualquier lugar?

Model

Porque aquí la gente ya sabe que la comida es sagrada. El caldo gallego, la empanada, todo nace de la idea de que nada se tira. La IA llegó a un lugar donde esa mentalidad ya existía. Solo necesitaba una herramienta.

Inventor

Pero la gente mayor no suele usar aplicaciones. ¿Cómo convenciste a abuelas de 70 años a descargar esto?

Model

No los convencimos nosotros. Sus hijos lo hicieron. Dijeron: mamá, mira, ahorras dinero y además la comida no se tira. Y funcionó. Resulta que cuando el incentivo es doble —dinero y conciencia—, la edad desaparece.

Inventor

¿Qué es lo más difícil técnicamente? ¿Predecir qué va a sobrar?

Model

No. Lo difícil es que un algoritmo funcione igual en Santiago que en un pueblo de 2.000 habitantes. Las ciudades grandes tienen densidad, datos, usuarios. Los pueblos pequeños tienen tres panaderías. Tuvimos que enseñar a la máquina a ser útil en ambos mundos.

Inventor

¿Y si alguien compra un Pack Sorpresa y le decepciona?

Model

Eso es parte del juego. Se llama Sorpresa por algo. Pero la gente lo entiende. Pagas el 30% del precio normal. Sabes que es un riesgo. Y además, sabes que ese riesgo significa que la comida no termina en la basura.

Inventor

¿Cuándo dejó de ser un proyecto verde para convertirse en un proyecto de supervivencia económica?

Model

Cuando los precios empezaron a subir. Hace dos años era: ayuda al planeta. Ahora es: ayuda a tu cartera. Ambas cosas son verdad. Pero la segunda es más urgente.

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