Inmunodeprimidos reclaman terceras dosis de vacuna COVID-19 ante falta de respuesta oficial

Personas inmunodeprimidas enfrentan vulnerabilidad continua a infección grave y muerte, viéndose obligadas a usar máscaras indefinidamente y sufriendo acoso social por medidas de protección.
Tienen que seguir actuando sin vacuna hasta que encontremos una manera de darles mejor inmunidad
El cirujano de trasplantes Dorry Segev describe la vulnerabilidad continua de las personas inmunodeprimidas ante la falta de protocolos claros.

Aproximadamente el 5% de la población está inmunodeprimida por trasplantes, cánceres, medicamentos inmunosupresores u otras condiciones que impiden respuesta vacunal adecuada. Francia e investigadores independientes demuestran que terceras dosis aumentan protección: receptores de trasplantes con anticuerpos pasaron de 40% a 68% tras dosis adicional.

  • Aproximadamente el 5% de la población está inmunodeprimida
  • En Francia, los receptores de trasplantes con anticuerpos aumentaron de 40% a 68% tras tercera dosis
  • En Estados Unidos, 15% de pacientes con cánceres de sangre y 30% de quienes toman medicamentos inmunosupresores no tienen anticuerpos detectables tras segunda dosis
  • Unos 5 millones de personas toman medicamentos como metotrexato que suprimen la respuesta inmunológica

Personas con sistemas inmunológicos débiles requieren dosis adicionales de vacunas COVID-19 para generar anticuerpos suficientes, pero agencias estadounidenses no realizan estudios sistemáticos mientras otros países avanzan en protocolos.

Esther Jones, una mujer de 45 años que vive en la zona rural de Oregón, recibió dos inyecciones de la vacuna Pfizer-BioNTech sin que su cuerpo generara los anticuerpos necesarios para protegerse del coronavirus. Hace once años se sometió a un trasplante de riñón, y desde entonces toma medicamentos que suprimen deliberadamente su sistema inmunológico para evitar que rechace el órgano. Esos mismos medicamentos la dejan vulnerable a casi cualquier infección. Cuando la tercera dosis de Moderna finalmente llegó a su brazo, los análisis de sangre mostraron algo que había estado buscando: una respuesta de anticuerpos razonable, aunque más débil que la de una persona sana. Hace poco recibió una cuarta dosis, con la esperanza de elevar aún más esa protección.

La situación de Jones no es única. Se estima que aproximadamente el 5% de la población mundial está inmunodeprimida por razones diversas: trasplantes de órganos, ciertos tipos de cáncer, enfermedad hepática crónica, insuficiencia renal, diálisis, o medicamentos como el metotrexato, los esteroides y el Rituxan, que unos 5 millones de personas toman para tratar artritis reumatoide, psoriasis y otras enfermedades. Para muchos de ellos, las dos dosis estándar de las vacunas contra el COVID-19 simplemente no funcionan. El virus encuentra un terreno fértil en cuerpos que no pueden montar una defensa inmunológica adecuada, lo que plantea un riesgo no solo para esas personas sino potencialmente para toda la población: un virus que se replica sin control durante períodos prolongados tiene más oportunidades de mutar en nuevas variantes.

En Francia, desde abril de 2021, los proveedores de atención médica comenzaron a administrar rutinariamente terceras dosis a personas con ciertas condiciones inmunológicas. Los resultados fueron claros. Entre los receptores de trasplantes de órganos, el porcentaje de quienes desarrollaron anticuerpos medibles saltó del 40% después de la segunda dosis al 68% cuatro semanas después de la tercera. Un estudio independiente dirigido por el cirujano de trasplantes Dorry Segev de la Universidad Johns Hopkins, que reclutó voluntarios como Jones que habían obtenido terceras dosis por su cuenta, encontró resultados similares en treinta receptores de trasplantes. El enfoque tiene amplio apoyo entre los investigadores porque existe un precedente claro: las personas inmunodeprimidas ya reciben dosis de refuerzo de las vacunas contra la hepatitis B y la influenza sin que nadie lo cuestione.

Pero en Estados Unidos, las agencias federales y los fabricantes de vacunas no han hecho un esfuerzo coordinado para investigar este enfoque de manera sistemática. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, la Administración de Alimentos y Medicamentos y los Institutos Nacionales de Salud ni siquiera recomiendan hacer pruebas para determinar quién está protegido y quién no. Moderna está preparando un estudio con 120 receptores de trasplantes de órganos, y Pfizer planea probar una tercera dosis en 180 adultos y 180 niños con condiciones inmunológicas. El NIH está reclutando a 400 personas inmunodeprimidas para un ensayo que rastreará sus niveles de anticuerpos durante hasta 24 meses, pero ese estudio no incluye el análisis de una tercera dosis. Ambas compañías rechazaron al menos dos equipos independientes que esperaban estudiar los efectos de dosis adicionales. Emily Ricotta, epidemióloga del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, explicó que los procesos regulatorios y de aprobación requieren tiempo. Pero esa respuesta no satisface a muchos investigadores. Como señaló el reumatólogo José U. Scher de Langone Health de la NYU, muchos centros médicos ya tienen grupos de pacientes que no respondieron a las vacunas. "Es un estudio muy simple", dijo. "No hay ciencia espacial aquí".

Mientras tanto, las personas inmunodeprimidas están tomando medidas por su cuenta. Algunos miembros de grupos de Facebook dedicados a compartir información sobre protección han recibido terceras dosis en sitios de vacunación masiva donde los proveedores no verifican los registros, o incluso han cruzado fronteras estatales. La mayoría continúa usando máscaras indefinidamente, una medida que ha generado acoso social en un contexto donde el enmascaramiento se ha vuelto profundamente político. El doctor Balazs Halmos del Centro Médico Montefiore en el Bronx dirigió un estudio que mostró que el 15% de los pacientes con cánceres de sangre y el 30% de quienes tomaban medicamentos inmunosupresores no tenían anticuerpos detectables después de la segunda dosis. Él y sus colegas están ansiosos por probar si una tercera dosis podría ayudar a esas personas, pero aún no han podido acceder a las vacunas necesarias para hacerlo.

El doctor Jorge Geffner, investigador en inmunología de la Universidad de Buenos Aires y el CONICET, advirtió que aunque las personas inmunodeprimidas probablemente deberían recibir terceras dosis, los problemas inmunológicos son muy variados, por lo que los protocolos no serían uniformes en todos los casos. El virólogo John Moore de Weill Cornell Medicine en Nueva York sugirió que los anticuerpos monoclonales podrían ser una alternativa valiosa para quienes no producen anticuerpos por sí solos, pero señaló que esa idea tampoco se está explorando a fondo. "Tiene mucho sentido para este grupo de personas", dijo, "por lo que me gustaría que las empresas fueran más activas en esta área".

Lo que emerge de este panorama es una brecha entre lo que la evidencia sugiere que debería hacerse y lo que realmente está sucediendo. Jones y otros como ella se sienten abandonados por el gobierno federal, especialmente ante la amenaza de nuevas variantes contagiosas. El doctor Segev describió la situación como "muy aterrador y frustrante" para las personas inmunodeprimidas, quienes "tienen que seguir actuando sin vacuna hasta que encontremos una manera de darles una mejor inmunidad". Mientras Francia avanza con protocolos de terceras dosis y los investigadores independientes acumulan evidencia de su efectividad, en Estados Unidos el sistema se mueve lentamente, dejando a millones de personas en una zona gris de vulnerabilidad continua.

Es un estudio muy simple. No hay ciencia espacial aquí.
— Doctor José U. Scher, reumatólogo de Langone Health de la NYU
Tiene mucho sentido para este grupo de personas, por lo que me gustaría que las empresas fueran más activas en esta área.
— John Moore, virólogo de Weill Cornell Medicine
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué el sistema inmunológico de alguien que recibió un trasplante no puede simplemente responder a la vacuna como el de cualquier otra persona?

Model

Porque los medicamentos que toman para evitar que rechacen el órgano trasplantado suprimen deliberadamente su capacidad de montar una respuesta inmunológica. Es una compensación necesaria: protegen el órgano pero dejan al cuerpo indefenso contra infecciones.

Inventor

Entonces, si Francia ya está dando terceras dosis y viendo buenos resultados, ¿por qué Estados Unidos no simplemente lo hace?

Model

Esa es la pregunta que muchos investigadores se están haciendo. Las agencias federales dicen que necesitan más tiempo para los procesos regulatorios, pero hay centros médicos que ya tienen grupos de pacientes que no respondieron. Algunos científicos creen que podría organizarse un ensayo clínico sin demasiada dificultad.

Inventor

¿Qué está haciendo la gente inmunodeprimida mientras espera?

Model

Algunos están buscando terceras dosis por su cuenta, en sitios de vacunación masiva donde no verifican registros, o cruzando fronteras estatales. La mayoría sigue usando máscaras indefinidamente, lo que genera acoso social porque el enmascaramiento se ha vuelto político.

Inventor

¿Hay otras opciones además de más dosis de la misma vacuna?

Model

Los anticuerpos monoclonales podrían ayudar a quienes no producen anticuerpos por sí solos, pero esa idea tampoco se está explorando a fondo. Los investigadores dicen que tiene mucho sentido para este grupo, pero las empresas no están siendo activas en esa área.

Inventor

¿Cuál es el riesgo más grande si estas personas no logran protección?

Model

Que el virus continúe replicándose en sus cuerpos durante períodos prolongados, lo que podría permitir que nuevas variantes emerjan. No es solo un problema individual; es un problema de salud pública.

Inventor

¿Todos los inmunodeprimidos responden igual a las vacunas?

Model

No. Los problemas inmunológicos son muy variados, así que los protocolos no serían uniformes en todos los casos. Algunos podrían responder mejor a terceras dosis, otros podrían beneficiarse más de anticuerpos monoclonales. Por eso la investigación sistemática es tan importante.

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