En medio de un verano histórico que ha llevado a Barcelona a registrar temperaturas récord en más de un siglo, un ingeniero de la Universidad Purdue recuerda una verdad que el calor tiende a oscurecer: la urgencia con que bajamos el termostato no acelera el alivio, solo prolonga el esfuerzo de la máquina y el peso de la factura. Como tantas veces en la relación humana con la tecnología, el error no está en el aparato sino en la creencia de que la intensidad del deseo puede doblar las leyes de la física.