En agosto de 2026, la inflación mayorista estadounidense volvió a escalar hasta el 5,4% anual, revirtiendo una breve pausa que había alimentado esperanzas de alivio. Detrás del repunte se encuentra la energía —petróleo y diésel encarecidos por los combates en Oriente Medio—, una fuerza que recorre toda la cadena productiva antes de llegar al bolsillo del ciudadano. La Reserva Federal observa con cautela, consciente de que su próxima decisión sobre tasas no es solo un cálculo técnico, sino un acto de equilibrio entre contener los precios y no sofocar una economía ya sometida a múltiples presion