Cuando el agua escasea y las plantas de generación no llegan a tiempo, la energía deja de ser un servicio invisible para convertirse en la pregunta más urgente de la industria. En el Oriente antioqueño, ante la inminencia de El Niño y la fragilidad del sistema eléctrico nacional, las empresas han decidido no esperar: biomasa, solar y residuos industriales se convierten en las nuevas anclas de su competitividad. Es la vieja lección de la autosuficiencia, aprendida esta vez no por convicción ambiental, sino por necesidad económica.