En la noche del lunes, un almacén en el corazón de Lince se convirtió en escenario de uno de esos momentos en que la fragilidad de lo construido queda expuesta ante el fuego. Dieciséis unidades del Cuerpo General de Bomberos respondieron al llamado, conteniendo en más de una hora las llamas que amenazaban con extenderse más allá del inmueble. La ciudad observó, el humo se elevó visible desde kilómetros, y ahora queda la pregunta que siempre sigue al desastre: el porqué.