A finales de septiembre de 2026, la refinería de Rijeka encendió una nueva unidad de coquización retardada, fruto de una inversión de 700 millones de euros compartida entre INA y Grupo MOL. Lo que antes era residuo pesado sin valor comercial se convierte ahora en diésel y otros productos refinados de alta demanda, cerrando una dependencia histórica de importaciones costosas. En un continente donde la seguridad energética es una preocupación permanente, esta instalación representa algo más que eficiencia industrial: es una apuesta por la soberanía energética de Croacia y su entorno adriático.
INA y Grupo MOL activan unidad de coquización retardada en refinería de Rijeka
Cada barril de petróleo rinde ahora un 30 por ciento más de valor
¿Por qué una refinería necesita invertir 700 millones de euros en una sola unidad? ¿Qué problema resuelve exactamente?
Antes, la refinería importaba un producto intermedio llamado gasóleo de vacío. Ahora lo produce internamente. Eso elimina costos de compra y transporte, y permite procesar más diésel con el mismo crudo.
¿Pero cuánto tiempo tardará en recuperar esa inversión? El artículo no lo dice.
Buena pregunta. Con un 30 por ciento más de producción de diésel por barril, el retorno debería ser significativo, pero los números específicos no están en el comunicado.
¿Y qué significa que opera al 70 por ciento de capacidad? ¿Es normal o hay un problema?
Probablemente es normal en la fase de arranque. Están estabilizando los procesos antes de acelerar. Pero sí, hay espacio para crecer.
El artículo menciona hidrógeno verde y turbinas de vapor como proyectos paralelos. ¿Están ya en construcción o son planes futuros?
El texto dice que están en construcción, pero no da fechas de conclusión. Parecen ser parte de una estrategia más amplia de modernización.
¿Cuál es el riesgo si algo sale mal durante estas pruebas finales?
Si la unidad no cumple especificaciones, podrían perder tiempo y dinero en reparaciones. Pero INA y MOL tienen experiencia en proyectos de esta escala.
¿Y qué pasa con los competidores? ¿Hay otras refinerías en Europa con tecnología similar?
El artículo no lo menciona. Eso sería importante saber para entender si Rijeka se vuelve más competitiva o simplemente se pone al día.
O Pulso
- La unidad DCU opera desde septiembre de 2026 al 70% de su capacidad, procesando residuos pesados que antes carecían de valor comercial y que ahora se transforman en productos refinados de demanda global.
- La refinería eliminó su dependencia de importaciones de gasóleo de vacío, un insumo intermedio que debía traerse del extranjero a alto costo, cerrando una brecha crítica en la cadena de producción.
- Con el mismo volumen de crudo, la planta puede producir hasta un 30% más de diésel, lo que significa que cada barril rinde más valor económico sin necesidad de aumentar los volúmenes de entrada.
- La capacidad de procesar crudos más pesados y densos amplía el abanico de proveedores internacionales disponibles, reduciendo el riesgo geopolítico de depender de una sola fuente de suministro.
- INA y Grupo MOL completarán las pruebas de rendimiento finales en el último trimestre de 2026, mientras avanzan en paralelo con una planta de hidrógeno verde y turbinas de vapor de contrapresión.
A finales de septiembre de 2026, la refinería de Rijeka encendió una nueva unidad de coquización retardada, fruto de una inversión de 700 millones de euros compartida entre INA y Grupo MOL. Lo que antes era residuo pesado sin valor comercial se convierte ahora en diésel y otros productos refinados de alta demanda, cerrando una dependencia histórica de importaciones costosas. En un continente donde la seguridad energética es una preocupación permanente, esta instalación representa algo más que eficiencia industrial: es una apuesta por la soberanía energética de Croacia y su entorno adriático.
A finales de septiembre de 2026, la refinería de Rijeka encendió una nueva unidad de coquización retardada valorada en 700 millones de euros, resultado de la asociación entre INA, la petrolera estatal croata, y Grupo MOL, el gigante energético húngaro. La instalación comenzó a procesar materia prima ese mismo mes y opera actualmente al 70% de su capacidad de diseño, transformando residuos pesados —materiales antes de escaso valor comercial— en productos refinados de alta demanda global.
El impacto operativo es inmediato y concreto. La refinería ya no depende de importaciones de gasóleo de vacío, un insumo intermedio que debía adquirirse en el extranjero a costos elevados. Además, con la misma cantidad de crudo que procesaba antes, la planta puede producir hasta un 30% más de diésel, el combustible que mueve camiones, barcos y maquinaria industrial en toda Europa. Esa ganancia en eficiencia convierte a Rijeka en una instalación más competitiva frente a refinerías similares del continente.
La flexibilidad que introduce la unidad también amplía las opciones de abastecimiento: al poder procesar crudos más pesados y densos, INA y Grupo MOL pueden negociar con un espectro más amplio de proveedores internacionales, reduciendo la exposición a riesgos geopolíticos. Este proyecto es el capítulo más reciente de una modernización de 1.300 millones de euros acumulados en doce años, y no el último: en paralelo avanzan una planta de hidrógeno verde y turbinas de contrapresión de vapor.
Durante el último trimestre de 2026, el foco estará en estabilizar los procesos antes de las pruebas de rendimiento finales. Solo tras superar esa etapa, la unidad pasará formalmente a explotación comercial de largo plazo, consolidando a Rijeka como un nodo estratégico de la seguridad energética regional.
A finales de septiembre, la refinería de Rijeka encendió una nueva unidad de coquización retardada, una instalación de 700 millones de euros que marca un punto de inflexión en cómo la región procesa petróleo crudo. El proyecto es resultado de una asociación entre INA, la petrolera estatal croata, y Grupo MOL, el gigante energético húngaro, y representa el tipo de inversión industrial que redefine la capacidad de una nación para controlar su propio suministro energético.
La unidad DCU —por sus siglas en inglés— comenzó a procesar materia prima en septiembre de 2026 y actualmente funciona al 70 por ciento de su capacidad de diseño. Lo que hace notable esta instalación es su capacidad de transformar residuos pesados, materiales que antes tenían poco valor comercial, en productos refinados de demanda global. Antes de esta unidad, la refinería dependía de importaciones de gasóleo de vacío, un producto intermedio costoso que debía traerse del extranjero. Ahora, la planta genera ese material internamente, cerrando una brecha crítica en la cadena de producción.
La ganancia operativa es sustancial. Con la misma cantidad de crudo que procesaba antes, la refinería puede ahora producir hasta un 30 por ciento más de diésel, el combustible que alimenta camiones, barcos y maquinaria industrial en toda Europa. Esa mejora en eficiencia no es un detalle técnico menor: significa que cada barril de petróleo rinde más valor económico, y que la refinería puede competir con instalaciones similares en otros países sin necesidad de aumentar sus volúmenes de entrada.
La flexibilidad operativa que introduce la unidad DCU también abre nuevas posibilidades de abastecimiento. La refinería ahora puede procesar crudos más pesados y densos, lo que significa que INA y Grupo MOL pueden negociar con un abanico más amplio de proveedores internacionales. Esa diversificación de fuentes reduce el riesgo de depender demasiado de un solo país o región, un factor estratégico en un continente donde la seguridad energética sigue siendo una preocupación central.
Esta inversión no surge de la nada. INA y Grupo MOL han destinado 1.300 millones de euros en modernización de la refinería durante los últimos doce años, un compromiso de largo plazo que refleja la importancia que ambas compañías asignan a Rijeka como centro de procesamiento. El proyecto de la unidad DCU es el capítulo más reciente de esa estrategia de renovación, pero no el último. Las directivas confirmaron que en paralelo están construyendo una planta de producción de hidrógeno verde y instalando turbinas de contrapresión de vapor, tecnologías que apuntan hacia una operación más sostenible.
Por ahora, el enfoque está en estabilizar los procesos durante el último trimestre de 2026. Una vez que los sistemas funcionen de manera predecible y confiable, vendrán las pruebas de rendimiento finales que determinarán si la unidad cumple con las especificaciones de diseño. Solo después de eso, la instalación pasará formalmente a manos de sus operadores para la explotación comercial a largo plazo.
Lo que está en juego es más amplio que una sola refinería. Rijeka es un puerto estratégico en el Adriático, y una refinería eficiente allí refuerza la estabilidad energética de Croacia y de toda la región europea. En un mercado global de hidrocarburos volátil, donde los precios fluctúan según la geopolítica y la oferta, tener la capacidad de procesar más crudo con mayor eficiencia es una forma de blindarse contra esas turbulencias. INA y Grupo MOL están apostando a que esa resiliencia valdrá la pena.
Citações Notáveis
La instalación optimiza el aprovechamiento de los recursos energéticos al incrementar hasta en un 30 por ciento la producción de diésel utilizando la misma cantidad de crudo— Directivas de INA y Grupo MOL