En un momento en que la humanidad se enfrenta a fuerzas que superan su capacidad de gobernarlas, Michael Ignatieff —filósofo, político y presidente del consejo asesor del Instituto de Ética en IA de Oxford— eleva su voz con la serenidad de quien ha visto colapsar certezas antes. Su advertencia es antigua en su forma y nueva en su urgencia: las herramientas que construimos pueden volverse contra nosotros, y esta vez el precio del descuido podría medirse en términos nucleares. La pregunta que deja flotando no es técnica, sino profundamente humana: ¿estamos dispuestos a ceder ventaja competitiva