Durante décadas, la hegemonía del sector eléctrico privado mundial perteneció sin disputa a la estadounidense NextEra Energy; hoy, esa certeza se tambalea. Iberdrola, la compañía española que cumple 125 años, se aproxima a la cima con una capitalización que roza los 136.000 millones de euros, impulsada por una estrategia de rotación de activos y un giro decidido hacia las redes eléctricas. El ascenso de una y el retroceso de la otra no son accidentes del mercado, sino el reflejo de dos filosofías distintas sobre cómo construir el futuro energético: una que apostó por crecer a toda costa, y otr
Iberdrola desafía a NextEra por el liderazgo mundial en capitalización bursátil
Sin redes, no hay renovables. Las redes son lo primero.
¿Cómo es posible que Iberdrola, una empresa española, esté a punto de superar a NextEra, que es estadounidense y tiene acceso a un mercado mucho más grande?
Tiene que ver con decisiones estratégicas muy diferentes. Iberdrola ha sido quirúrgica: vende activos, recauda dinero, reinvierte en redes. NextEra apostó por crecer rápido comprando Dominion, pero esa integración se ha convertido en un desastre.
Pero espera, ¿cuánto de esto es que Iberdrola está subiendo y cuánto es que NextEra está cayendo? Porque si NextEra cae un 6% y Iberdrola sube un 10%, la historia es muy diferente.
Es verdad. NextEra está cayendo principalmente por Dominion y por los tipos de interés. Pero Iberdrola está subiendo porque está ejecutando bien y el mercado le cree.
¿Y qué pasa con esos centros de datos? ¿Realmente pueden frenar a NextEra?
El rechazo es masivo. Más del 70% de los estadounidenses se opone. Es un problema político real, no solo de mercado.
Pero eso es un problema estadounidense. ¿Qué pasa si la oposición a los centros de datos llega a España? ¿Entonces Iberdrola también tiene un problema?
Claro. Por ahora no ha llegado, pero es un riesgo. Aunque Iberdrola está apostando más por redes que por centros de datos, así que está menos expuesta.
¿Entonces Iberdrola va a superar a NextEra?
Técnicamente ya casi lo ha hecho en capitalización. Pero NextEra sigue siendo una empresa más grande en ingresos y activos. Esto es sobre valor de Bolsa, no sobre tamaño real.
Exacto. Es un cambio simbólico importante, pero lo que importa es si Iberdrola puede mantener este ritmo.
¿Y puede?
Si ejecuta su plan de 58.000 millones en inversiones en redes, y si los tipos de interés no suben más, sí. Pero hay muchos "si".
O Pulso
- La brecha entre Iberdrola y NextEra, que durante años parecía infranqueable, se ha reducido a apenas unos pocos miles de millones de euros, poniendo en juego el liderazgo mundial del sector eléctrico privado.
- NextEra acumula una caída del 6,3% en 2026: la integración de Dominion Energy resulta más costosa y compleja de lo previsto, los tipos de interés encarecen su financiación y más del 70% de los estadounidenses rechaza los centros de datos cerca de sus hogares.
- Iberdrola ha ejecutado con precisión una rotación de activos superior a 20.000 millones de euros y reafirma un crecimiento en beneficio neto superior al 8%, con casi diez firmas de inversión que ven un potencial adicional de más del 10% en el valor.
- El pivote estratégico de Iberdrola hacia las redes eléctricas —37.000 de los 58.000 millones previstos para 2025-2028— la posiciona en el corazón de la electrificación global, reconociendo que la infraestructura es la condición previa de cualquier energía renovable.
Durante décadas, la hegemonía del sector eléctrico privado mundial perteneció sin disputa a la estadounidense NextEra Energy; hoy, esa certeza se tambalea. Iberdrola, la compañía española que cumple 125 años, se aproxima a la cima con una capitalización que roza los 136.000 millones de euros, impulsada por una estrategia de rotación de activos y un giro decidido hacia las redes eléctricas. El ascenso de una y el retroceso de la otra no son accidentes del mercado, sino el reflejo de dos filosofías distintas sobre cómo construir el futuro energético: una que apostó por crecer a toda costa, y otra que comprendió que sin infraestructura no hay transición posible.
Después de más de una década en la que NextEra Energy reinó sin rival como mayor eléctrica privada del mundo, la española Iberdrola está a punto de arrebatarle ese título. El viernes pasado, la compañía cerró con una capitalización de 135.665 millones de euros, frente a los 139.304 millones de su rival estadounidense. Una brecha que parecía insalvable se ha convertido en una distancia de apenas unos miles de millones.
La divergencia entre ambas empresas no es casual: responde a estrategias radicalmente distintas. Iberdrola ha ejecutado con disciplina un plan de rotación de activos que le ha permitido movilizar más de 20.000 millones de euros, mientras celebra su 125 aniversario con una subida superior al 10% en Bolsa y del 30% en los últimos doce meses. Casi diez firmas de inversión, entre ellas HSBC y JB Capital, fijan objetivos de precio en los 23,5 euros por acción.
NextEra, en cambio, atraviesa un momento de turbulencias. En mayo anunció la compra de Dominion Energy por unos 66.000 millones de dólares, una operación que busca crear la mayor empresa regulada de servicios eléctricos del mundo, pero cuya integración se ha revelado mucho más compleja de lo previsto. A eso se suma la presión de los tipos de interés y un fenómeno inesperado: el rechazo social masivo a los centros de datos. Más del 70% de los estadounidenses se opone a que se construyan estas instalaciones cerca de sus hogares, en una ola de contestación ciudadana alimentada por el miedo a la inteligencia artificial que recuerda a las protestas contra el fracking de hace quince años.
Mientras NextEra navega esas turbulencias, Iberdrola ha dado un giro estratégico que está resultando determinante: el pivote desde las renovables hacia las redes eléctricas. En su plan 2025-2028, la compañía prevé invertir 58.000 millones de euros en total, destinando 37.000 millones a redes. La lógica es sencilla pero poderosa: sin infraestructura de transporte y distribución, las energías renovables no pueden llegar al consumidor. Iberdrola ha comprendido que las redes son lo primero, y el mercado le está dando la razón.
Después de décadas persiguiendo un objetivo que parecía inalcanzable, Iberdrola está a punto de alcanzar un hito que cambiaría el mapa de la energía mundial: convertirse en la mayor eléctrica privada por valor en Bolsa, dejando atrás a NextEra Energy. El viernes pasado, la compañía española cerró a 20,33 euros por acción, con una capitalización de 135.665 millones de euros. NextEra, que cotiza en Nueva York, cerró a 76,08 dólares, lo que le deja con una capitalización de 139.304 millones de euros al cambio actual. La brecha que durante años parecía insalvable se ha reducido a apenas unos miles de millones.
Durante más de una década, NextEra ha reinado sin rival en el sector privado de la energía. Su capitalización se mantuvo sistemáticamente por encima de los cien mil millones de dólares desde al menos 2017, impulsada por su dominio en renovables y la fortaleza de su mercado natural en Estados Unidos. Mientras Iberdrola iba acercándose lentamente, el poder de la compañía estadounidense parecía casi imposible de desafiar. Pero la situación ha girado. Ahora es NextEra quien retrocede mientras Iberdrola avanza, y casi diez firmas de inversión ven un potencial superior al 10% en la española. HSBC y JB Capital, entre otras, fijan objetivos de precio en los 23,5 euros.
La divergencia entre ambas compañías responde a estrategias empresariales radicalmente distintas. Iberdrola ha ejecutado con precisión un plan de rotación de activos que le ha permitido movilizar más de veinte mil millones de euros. NextEra, en cambio, ha sido víctima de sus propias ambiciones. En mayo anunció la compra de Dominion Energy, una operación en acciones valorada en aproximadamente sesenta y seis mil millones de dólares que buscaría crear la mayor empresa regulada de servicios eléctricos del mundo. Pero tras el entusiasmo inicial vino la resaca. El proceso de integración se ha revelado mucho más difícil y complejo de lo previsto, y el mercado lo está castigando sin piedad. Además, la operación aún necesita autorizaciones regulatorias que enfrenta oposición política por preocupaciones sobre facturas eléctricas y competencia. NextEra acumula una caída del 6,3% en lo que va de año, principalmente desde antes del verano.
Los problemas de NextEra no terminan en Dominion. El deterioro del entorno financiero para las utilities estadounidenses ha ejercido presión adicional. El repunte de las rentabilidades de los bonos del Tesoro encareció la financiación y redujo el atractivo relativo de los dividendos en un sector intensivo en capital y muy sensible a los tipos de interés. Pero hay algo más: un enemigo totalmente inesperado hace apenas un año. Los centros de datos, que representan una parte crucial del futuro de NextEra, se han convertido en un conflicto político y social masivo. Lo que antes se veía como infraestructura clave y sinónimo de progreso se ha transformado en un foco de rechazo ciudadano alimentado por el miedo a la inteligencia artificial. Encuestas recientes muestran que más del 70% de los estadounidenses se opone a que se construyan estas instalaciones cerca de sus hogares. Es el viejo fenómeno del "no en mi jardín", similar a la ola de protestas contra el fracking hace década y media.
Mientras NextEra navega estas turbulencias, Iberdrola vive una etapa dorada. Este año celebra su 125 aniversario con una subida superior al 10% en Bolsa y del 30% en los últimos doce meses. La contestación social contra los centros de datos aún no ha llegado a España, al menos por ahora. Pero más allá de eso, Iberdrola exhibe ratios financieros y operativos que la están catapultando. La compañía rebasa una y otra vez sus objetivos, y ha ejecutado un cambio estratégico fundamental: el pivote desde las renovables hacia las redes eléctricas. Es un borrón y cuenta nueva que ha transformado la empresa. Reafirmó sus perspectivas para 2026 con un crecimiento superior al 8% en beneficio neto.
En su plan estratégico 2025-2028, Iberdrola prevé inversiones por 58.000 millones de euros, con las redes eléctricas como principal destino: 37.000 millones de euros. El timing es perfecto. El avance de la electrificación está elevando las necesidades de infraestructura energética de forma exponencial. Aunque las renovables siguen siendo un foco importante, Iberdrola ha comprendido algo fundamental que NextEra está aprendiendo a costa de su capitalización: sin redes, no hay renovables. Las redes son lo primero.
Citações Notáveis
Iberdrola ha ejecutado con precisión quirúrgica un plan de rotación de activos que le ha permitido movilizar más de veinte mil millones de euros— Análisis de expertos del mercado
NextEra está siendo víctima de sus propias ambiciones desmedidas con la compra de Dominion— Evaluación de analistas de inversión