En el corazón industrial del País Vasco, Iberdrola ha formalizado una inversión de treinta millones de euros que apunta a uno de los desafíos más profundos de nuestra era: cómo almacenar y distribuir una energía que el sol y el viento ofrecen de forma intermitente. Al confiar ese encargo a Ingeteam y Ormazabal, la compañía no solo moderniza cables y subestaciones, sino que teje una alianza entre la industria local y la transición energética que Europa necesita con urgencia.