Durante casi una década, un viajero incansable completó doce circunnavegaciones del planeta creyendo que el movimiento era libertad. Solo al detenerse comprendió que cada vuelo era, en realidad, una forma de no mirar al espejo. El tiempo, indiferente a los husos horarios y a los sellos en el pasaporte, viajó siempre a su lado. Esta es la historia de alguien que descubrió que huir de uno mismo es el único viaje que nunca llega a su destino.