Cuando una oferta de compra fracasa pero deja al comprador con casi la mitad de la empresa, el poder se ejerce de formas más silenciosas que las que anticipan los mercados. Mike Ashley, el magnate británico que construyó un imperio minorista desde una tienda de deportes, no obtuvo el control total de Hugo Boss, pero obtuvo suficiente para comenzar a moldearla a su imagen. La marca alemana, que carga con una historia compleja y enfrenta caídas de ventas en sus mercados más importantes, se convierte ahora en el mayor desafío de una estrategia que apuesta por elevar lo ordinario hacia el verdader