En los astilleros del Clyde, una fragata toma vida sistema por sistema, como si el acero aprendiera a escuchar el mar. El HMS Glasgow, primera unidad de la clase Type 26 de la Royal Navy, avanza hacia sus pruebas de navegación con la misión de custodiar las profundidades oceánicas en un momento en que la guerra submarina vuelve a ocupar el centro del tablero estratégico. Su entrada en servicio, prevista para 2028, no es solo un hito industrial: es la respuesta de una nación a la incertidumbre que se mueve bajo las aguas.