Con el euríbor superando el 3% por primera vez en años, los compradores de vivienda en España están reescribiendo silenciosamente su relación con la deuda: ya no buscan certeza a largo plazo, sino alivio inmediato. La hipoteca mixta —fija al principio, variable después— y los plazos que se extienden hasta los 25 años son la respuesta pragmática de un mercado que ha aprendido a sobrevivir cuando el dinero se encarece. Es la vieja tensión entre el hogar como necesidad y el crédito como condición, resuelta una vez más con ingenio y resignación.